YOLANDA GARCÍA LA ENTREVISTA Sandra Casas Vila, educadora familiar del Concello de Cervo Aunque se puso en marcha en 1996, el servicio de educación familiar en Cervo está funcionando este año con continuidad, por vez primera, favoreciendo una mejor asistencia social, psicológica y educativa. Sandra Casas explica cómo es su compleja labor.
28 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Aunque «ideado» en especial para las primeras, atiende a familias con hijos menores y mayores, «porque hoy ya es muy relativo que a los 18 los hijos se vayan de casa». Sandra trabaja mediante visitas domiciliarias y cuenta con ayuda de centros educativos, la asistente social o el técnico de empleo. -¿Qué lleva a una familia a acudir a este servicio? -Llaman más porque no son capaces de controlar la conducta del niño -a los 8 o más años, señala, ya surgen problemas de relación- o que le va mal en el colegio. También por los problemas «típicos» de la adolescencia: estudios, drogas, horarios, con quien andan, o que no saben cómo tienen que hablar con ellos, por ejemplo, sobre sexo. Aparte, vienen familias con problemas económicos y muy desinformadas. -¿Cuántas familias pasan? -El año pasado trabajé con 16 familias. Ahora, unas doce. -¿Algún caso especial? -Esto es un pueblo pequeño... y si das algún detalle, enseguida identifican. La discreción es norma del servicio. -Por lo menos, ¿qué situaciones complejas aparecen? -A veces te encuentras con familias totalmente desestructuradas: que la madre no cumple su rol o que el padre tampoco. Quienes se implican un poquito más son las madres. Cuando acude alguien, prácticamente siempre viene ella. Otras veces llegan casos derivados de la asistenta social.