La imagen de la Virgen de Covadonga concluyó ayer en Vegadeo su peregrinación por Asturias La iglesia de Vegadeo se quedó ayer pequeña para despedir a la Virgen de Covadonga, que concluyó su peregrinación por el Arciprestazgo del Eo y por Asturias. Su pequeña figura presidió la misa a la que asistieron centenares de personas que abarrotaron el templo veigueño. Muchos se quedaron en las puertas, pero al término del oficio hubo tiempo para que todos se acercasen a besar el manto de la Virgen. La devoción por La Santina se explica en momentos como los vividos ayer en Vegadeo, donde las casas próximas a la iglesia recibían a la patrona de Asturias colgando en sus balcones banderas de fiesta.
12 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.REDACCIÓN VEGADEO Hacía cincuenta años que la imagen de la Virgen de Covadonga no peregrinaba por Asturias. Gabino Díaz Merchán, Arzobispo de Oviedo, que ofició la misa de ayer en Vegadeo, manifestó que el balance no podía ser más satisfactorio. La Santina levantó pasiones a su paso y unió un poco más a todos los cristianos asturianos. Ayer en Vegadeo se respiraba aire de fiesta. Es cierto que había mercado, pero la presencia de La Santina convirtió la fecha en una jornada especial. A las doce comenzó la misa, con el templo parroquial abarrotado. Muchos fieles se quedaron fuera: «¿Víchela? ¿É bonita?», preguntaba una mujer a otra que la acompañaba. Fe y entusiasmo En el exterior de la iglesia los comentarios se sucedían, mientras el oficio religioso se prolongó durante una hora. Algunos se asomaban al pórtico, pero al verlo repleto, desistían: «Con la gente que hay no hay forma de pasar», decía un hombre entrado en años, retirándose. Merchán presidió la última misa de la peregrinación de la Virgen y tuvo palabras para la comarca Oscos-Eo. Afirmó que en las plegarias de todos quizás estaría el lograr el nivel de vida del resto de Asturias, «que se ve condicionado por ser una zona eminentemente rural, secularmente aislada», si bien las referencias ajenas al motivo religioso fueron muy escasas. «El Occidente tiene una razón más para sentirse unido a los cristianos del resto de Asturias», señaló, y es que a su juicio, la peregrinación de La Santina «ha servido para unir un poco más a los católicos asturianos». La misa se alargaba. Un niño, cogido en brazos por su madre, mostraba su impaciencia: «¡Vamonos!». «Espera un poco», le replicaba su madre, y para tratar de distraerlo añadió: «Escucha como canta el coro». Y éste, concluida la misa, ofreció un brillante concierto que no se prolongó porque quizás la presencia de la Virgen imponía demasiado respeto como para solicitar un bis, dada la solemnidad del acto. Pasaba ya la una y cuarto de la tarde cuando se dio a besar el manto de la Virgen. Centenares de personas lo hicieron. Hubo de todo. Desde quien aprovechaba para sacar una foto -siempre, con respeto-, a quienes en silencio y recogimiento rezaban y, sobre todo, fieles que deseaban y cumplieron, sin más, su propósito de besar el manto de su patrona. La imagen de La Santina concluía así su peregrinación, para regresar a Covadonga. Fue un día histórico para Vegadeo, como en jornadas anteriores lo fue para los diversos concejos de la comarca. Y es que cincuenta años después la Virgen salió del santuario de Covadonga y visitó el Occidente astur. Fueron dos semanas que ya son historia.