Neira Brochs, autor de la imagen de la Virgen del Carmen para el espigón del puerto de Celeiro Como si la obra empequeñeciese a su creador, José Luis Neira Brochs se vuelve invisible al pie de la imagen de la Virgen del Carmen y el Niño. El encargo de la asociación de vecinos de Celeiro ha supuesto un desafío para el escultor viveirense, que ha moldeado la escayola en un diálogo continuo. «La empiezas y luego ella va sugiriéndote cosas, cada día te habla y te cuenta algo que le tienes que hacer. Cuando se agota, ya está terminada». Este diálogo durará apenas una semana más, hasta la fundición en bronce, en Madrid.
23 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Si el tiempo fuese ilimitado, el diálogo se prolongaría sin fin. «En realidad la podrías ir mejorando continuamente -explica Neira Brochs-, porque te va escuchando. Muchas veces bajo por la noche y veo... ¡anda! le podría hacer esto o lo otro». Un pliegue del paño que cubre a la Virgen o cualquier otro detalle, que pasaría inadvertido de no ser por esa conversación constante. El autor de la imagen que ocupará el espigón del puerto de Celeiro ha superado «un gran reto», el encargo de gente amiga. Ha luchado contra el tiempo para desarrollar esta idea, ya preconcebida. «Me ha limitado porque la obra que hay en la iglesia, en la que me he tenido que inspirar, es de madera. No es lo mismo para hacerla en bronce», comenta. «Si fuese totalmente mía, me entendería mejor con ella. Es igual que una persona, hasta que la conoces. Si tú la concibes, es más tuya». La relación, sin embargo, ha sido fluida. La escultura partirá pronto hacia Madrid, para su fundición en bronce. Mientras, agota su estancia en el taller de Area. Neira Brochs sucumbe a la atracción del mar, desde que se cayó al agua, jugando en un barco, el día de su Primera Comunión. «Quisiera que la Virgen fuese aún mayor, pero el presupuesto...». La verdadera dimensión la adquirirá en el espigón, mirando hacia Os Castelos, guiada por la Rosa de los Vientos que le sirve de base. «Es un encargo muy importante, íntimo...». Y la responsabilidad de la firma. «La vanidad me importa menos».