El club de remo vuelve a codearse con los mejores después de estar cuatro años sin competir por falta de presupuesto
05 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Hablar de remo en Burela es como hacerlo de fútbol en Bilbao, de toros en Sevilla o de balonmano en la antigua Yugoslavia. Desde hace muchísimos años los bateles forman parte de la tradición de esta villa mariñana, acostumbrada a ver a sus remeros saborear el éxito en infinidad de competiciones de ámbito comarcal e incluso autonómico. Pero como a la mayoría de los deportes minoritarios, al remo también le llegan los momentos difíciles, sobre todo en las localidades con un núcleo de población no demasido amplio. El dinero, imprescindible en la explosión de cualquier entidad, se destina a otras modalidades con más aceptación entre los jóvenes y deja a dos velas a los clubes con menos deportistas en sus filas. La sección de remo del Club Náutico de Burela, a base de ilusión, ganas y el apoyo del Concello a través de su concejal del Mar, Narciso González, -así como a la colaboración de la Cofradía de Pescadores y ABSA- ha sido capaz de rescatar la tradición que durante muchos años consolidó la Asociación Cultural Ledicia y que se perdió casi un lustro. Desde el año 92 al 96 el club se quedó sin competir por falta de presupuesto, hasta que la agrupación cultural optó por ceder los bateles a la entidad que ahora preside Eladio Rouco, quien depositó toda su confianza en Ezequiel Duarte, Kelly, un estusiasta de los deportes náuticos y pieza indispensable en la puesta en marcha de la nueva etapa. Tras unos primeros años de transición el club recuperó buena parte del prestigio perdido en las dos últimas temporada. El pasado año una de las tripulaciones de fénimas alcanzó las finales gallegas y en la actual pueden repetir éxito. El club náutico destina medio millón de pesetas a la manutención de la sección de remo, un cantidad que Kelly agradece, pero que considera «un tanto escasa». Sin embargo, dice, «el principal problema que tenemos es el mal tiempo. La mayoría de las veces no podemos bajar al mar».