Santiago presenció el alumbramiento de la nueva diva del pop español

AL SOL

El concierto de Rosalía en la praza da Quintana ha puesto sobre la mesa una figura imponente y fuera de lo común en la música nacional

02 ago 2018 . Actualizado a las 11:27 h.

Hay una nueva diva en el pop español. Se llama Rosalía y el martes en Santiago demostró que lo suyo trasciende a la pompa, el esnobismo o la condición de último grito. Su propuesta, a medio camino entre el flamenco y las músicas urbanas, sorprendió, aturdió, irritó, fascinó y obligó al público a pensar en lo que estaba viendo. Porque esa música es un «me suena pero me desconcierta» constante. Y eso genera ese tipo de reacciones.

Respaldada en la parte electrónica por Pablo El Guincho y en la orgánica por dos palmeros y dos coristas, Rosalía se mostró en A Quintana como algo muy serio. Arrancó con Malamente y dejó claro que aquello iba a romper por delante, por detrás y por los lados. Su seguridad en escena, amplificada por las ocho bailarinas que la acompañaban con movimientos precisos, hacía pensar en una Rihanna o una Beyoncé. Desfilando por la pasarela, irradiando carisma en y sonando moderna, rompedora, a España del 2018.

Sí, porque aquí no hay réplicas anglosajonas hechas desde la inferioridad. Lleva la coleta como Ariana Grande y pisa con la misma firmeza que Taylor Swift cuando mira felina, pero aquí el sustrato es otro. Suenan tangos y fandangos. Y su espíritu rebota en unas bases con graves sísmicos, palmas matizadas y voces maleadas en efectos digitales. Desafío a flamencos. Desafío a poperos. Aceptado el reto, puro placer para todos.