El Coliseo, un bulevar de sueños cumplidos

Sabina desgranó su último trabajo, pero recurrió a los clásicos para poner al recinto en pie

Así llegó Joaquín Sabina al Coliseo de A Coruña Ante 6.500 espectadores

Fue un ángel con alas negras, un profeta del vicio, una flor en el precipicio y un esquirol. Pese a que lo negó todo con el tema estrella de su último disco nada más subirse al escenario, son precisamente la pose canalla, ese deje de burdel de entreguerras y la posibilidad de que esta gira sea la última que le traiga a la comunidad lo que hizo que los 6.500 fans (el aforo completo que se puso a la venta), que compraron las entradas del concierto hace cuatro meses, vivieran una de las noches más especiales en lo que a eventos musicales se refiere, y que tantos otros repetirán hoy a las 21.30 horas, de nuevo en el Coliseo, donde se volverá a colgar el cartel de: no hay billetes. Dos citas, dos llenos.

Se hizo de rogar Joaquín Sabina, saliendo a escena a las 22.40 horas al escenario - solo 10 minutos más tarde de lo previsto-, pero al escuchar sus primeras palabras: «Estoy encantado de volver a Galicia, a Coruña en particular. Por eso para colmo vengo dos días», los asistentes comenzaron a celebrar la vuelta a casa de Pancho Varona, Mara Barros y compañía, una banda a la que no quieren aprender a olvidar, ni 19 días, ni 500 noches. Son muchos años tocando en el Coliseo, muchos mecheros que se convirtieron en teléfonos móviles y demasiado humo de tabaco que dejaba paso, hace ya bastante, a cañones artificiales que recreaban esa atmósfera de nocturnidad y alevosía en la que uno se sumerge cuando escucha a este ubetense con bombín.

No fue el de ayer un concierto solo para rememorar los hits de los que tantos cantautores han tomado el testigo. Así que aprovechó Sabina para meter con calzador, mal que le pese a aquellos más papistas que el papa -que en el sabinismo abundan-, una retahíla de hasta siete canciones de su nuevo disco, entre las que se encontraron Quién más, quien menos; No tan deprisa; Lágrimas de mármol o Postdata. Estas dos últimas, que recuerdan a aquel Yo, mi, me, contigo, generaron un entusiasmo mayor que el resto. Y es que en esta primera parte del concierto, muchos aprovecharon para tomarse un buen whisky on the rocks

Las más esperadas, al final

La estrella dejó entonces paso a sus músicos; no menos importantes en los espectáculos sabinianos más auténticos. Mara Barros, que lleva ocho años a la sombra del león que es Joaquín, dejó a los presentes una vez más con la boca abierta por sus dotes interpretativas, su espectacular voz y, sobre todo, por el ambiente de Memphis del que llenó un Coliseo que, poco después, se transformaría en una xuntanza de ex universitarios, calimocho mediante, gracias al Pirata cojo que entonó Pancho Varona.

«Tengo una pierna en la canción de autor, otra en el rock and roll y la del medio ya se imaginan», comentó en otra de sus intervenciones.

El momento íntimo llegó con Yo me bajo en Atocha y La Magdalena, impás que sirvió para que el público cogiera aire y uniera fuerzas para una de las canciones más esperadas de la noche: Por el bulevar de los sueños rotos. Ese tema que surgió como un homenaje a su dama de poncho rojo -que se enfundó Mara Barros para interpretar el tema- es hoy uno de los emblemas de noches largas y melancólicas para muchos, aunque no tanto como la que vino a continuación, la auténtica apoteosis de lo que, algunos creen, es la verdad hegemónica del amor hecha canción: Y sin embargo. Quedaba aún buena parte del recital por llegar y la garganta comenzaba a hacer estragos, no en balde acababa de sonar 19 días y 500 noches. Buen momento para rendir tributo a la noche de la mejor manera: en la barra. Así las colas se hicieron insoportables, pero pocos claudicaron.

Cuando al final del concierto a Sabina le daban las diez con Noches de boda, llevábamos veinticinco minutos de un nuevo día. Pero la energía no amainaba. Ni un ápice de cansancio, y eso que lo hizo de un tirón. Sabían los que acostumbran a ver a este canalla, que le gusta eso de hacerse rogar. Así que encarando la recta final sonó Princesa y el recinto casi se cae de tanto bote. Acabó y quiso saludar con sus músicos. «Esto es para no terminar como Enrique Iglesias en Santander», apuntó.

Y de bote en bote los bises, con Contigo y Pastillas para no soñar. O sí, con que vuelve pronto a las andadas.

Miles de «sabinistas» de toda Galicia se dieron cita en el primer día del doblete

Con todas las entradas vendidas para la doble cita de Sabina desde hace cuatro meses, los que ayer pisaron y hoy pisarán el recinto coruñés pueden considerarse unos auténticos privilegiados. Entre el público, -casi todo gallego-, mucha gente de A Coruña, pero mucha también desplazada de todos los rincones de Galicia. Entre ellas una gran fan de Pontevedra recién llegada de Úbeda, donde disfrutó de un concierto muy especial, el que dio su ídolo en su tierra natal. «Sabinista hasta la muerte, pero que toque canciones nuevas que el Princesa aburre un poco», comenta eufórica Ana Robeiras, que muestra toda orgullosa como se ha tatuado Sabina en la piel. Esta incondicional, que seguramente seguiría al artista allá donde fuera, acudió desde Pontevedra con un grupo de amigos, que no entendía por qué la segunda fecha no se había celebrado en una ciudad distinta. Cuando se abrieron las puertas del multiusos coruñés, los peros quedaron fuera, y solo hubo palabras para corear los temas de Sabina.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
22 votos
Comentarios

El Coliseo, un bulevar de sueños cumplidos