La mecánica supuestamente investigada consistiría en que algunos ganaderos inyectaron a sus vacas algún producto que causaban su muerte o el aborto de las que estaban preñadas. A posteriori se justificaría su muerte por brucelosis para percibir ayudas públicas.
La otra parte de la investigación afecta a la hormona BST de crecimiento que permitía a cada vaca dar hasta cinco litros más de leche diarios. La sustancia es completamente legal desde el año 94 en Estados Unidos, donde se puede adquirir sin ningún tipo de dificultad, pero no en Europa.
Hay expertos que aseguran que representa una inaceptable amenaza para la seguridad de las vacas lecheras y también para las personas. Algunas corrientes de investigadores apuntan a que puede producir cáncer.
Un veterinario lucense explicó ayer que la hormona presentaba una especial potencialidad en la producción. Aumenta la producción por vaca y año en unos 120 kilos, usándose 63 días después del parto. Para llegar a esta producción con la mejora genética habría que esperar muchos años, apuntaron.