Enriqueta tiene 102 años. Nació en Córdoba y fue una estrella del baile en el casino de Estoril. Lleva 13 años acogida en la casa de la Sociedad Española de Beneficencia de Lisboa, en donde paga todo lo que tiene: 250 euros al mes. Apenas puede hablar, ni moverse, pero su mirada está aún despierta, como la de Montserrat, una catalana que acaba de cumplir 100 años. En su cuarto, Margarita, palentina de 91 años, se acicala para la prensa. «Tantos años aquí y nunca vino nadie a hacernos una foto». Caridad, Cari, de 76 años, le disputa el mando a distancia de la tele a Primitiva, gallega de A Cañiza, de 78 años. «Hoy pusieron a Rubalcaba en las noticias y tiene cara de enfadado, ¡qué mala cara!», dice Primi. «¿Y qué cara va a tener? Con lo que tiene encima», contesta Cari.
En otra sala, Elena, una viguesa de 80 años, y Electino, ourensano de 89, juegan una partida de dominó. «¡Soy de Vigo, soy de Vigo!», insiste la simpática Elena, aunque no acierta a recordar el nombre de la calle en la que vivió de niña.
Ayuda real
Inmaculada Romero Díaz del Río es la presidenta de la Sociedad Española de Beneficencia, fundada en 1917 para acoger a los expatriados españoles más necesitados. Cuenta que la institución vivió su momento dorado durante el exilio de la familia real española en Estoril. La propia doña María, madre del rey, participó con donaciones. Entonces se hacían fiestas de gala para recaudar fondos. Pero las cosas han cambiado mucho. Afortunadamente hay menos españoles necesitados, pero la falta de recursos obliga a la institución a abrir las puertas a ancianos portugueses, a los que se cobra una renta de 1.500 euros para compensar los gastos de los españoles con menos recursos.
El centro tiene 40 ancianos en acogida, la mitad españoles, y vive de las aportaciones de los socios, de una ayuda del Gobierno español y de donativos del Consulado de España en Lisboa. Portugal no concede ayudas al centro, por considerarlo un organismo extranjero.