Una masacre vuelve a desangrar a los católicos de Irak

Anne Clasmann BAGDAD/DPA.

INTERNACIONAL

El ataque a un templo de Bagdad, reivindicado por un grupo ligado a Al Qaida, causó 55 muertes

02 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

La iglesia Sayedat al Nayah (Señora del Socorro en árabe) estaba llena de fieles. La misa del domingo por la noche se encontraba a punto de terminar cuando diez enmascarados con armas automáticas y granadas de mano irrumpieron en el templo, ubicado en el centro de Bagdad. Los extremistas ejecutaron al sacerdote, destruyeron varias imágenes y tomaron a varios feligreses como rehenes. Cincuenta fieles cristianos y cinco asaltantes murieron en el posterior rescate, y hay 70 heridos, entre ellos, varios agentes de las fuerzas de seguridad.

Según los testigos, la tragedia, reivindicada por un grupo afín a Al Qaida, empezó con la detonación de un explosivo sujeto a un vehículo aparcado en un lateral de la iglesia. Poco después estalló un coche bomba de mayor envergadura, justo antes de que los atacantes entrasen en el local. En la iglesia había en ese momento 180 personas. Los extremistas las forzaron a entrar en una pequeña habitación para después sellar puertas y ventanas. Poco después se apagaron las luces y los rehenes se tiraron al suelo aterrorizados.

Horas más tarde oyeron el ruido de los helicópteros sobre sus cabezas, seguidos de disparos y varias explosiones. Un portavoz de las fuerzas de seguridad comunicó que una unidad de lucha antiterrorista había abatido a dos de los atacantes. Otros tres activaron sus cinturones cargados de explosivos y se hicieron saltar por los aires. La policía consiguió detener a los otros cinco asaltantes.

«No pensé nunca que pudiera vivir algo tan horrible», se lamentaba Tuma Abu Mazen, de 50 años, uno de los supervivientes. Ayer participó en la marcha fúnebre en memoria de las víctimas. Su confianza en el Estado iraquí quedó fuertemente mermada tras el asalto. No hacía mucho, cuando sufrió una herida en la cabeza en un atentado con bomba en una calle de Bagdad, había decidido no abandonar su país pese a lo ocurrido. Ahora, sin embargo, piensa en la emigración.

«Los cristianos iraquíes nos hemos convertido en una presa fácil para los grupos armados», se queja Samir Edward, de 47 años. Las palabras del dueño de un comercio reflejan bien el sentimiento de desamparo de muchos cristianos iraquíes.

Antes de la invasión de EE.?UU. en el 2003, en Irak vivían unos 1,5 millones de cristianos. Más de la mitad han huido al extranjero debido a la persecución por parte de grupos extremistas.

Uno de ellos, el grupo terrorista Estado Islámico de Irak, un conglomerado de grupos armados dirigido por Al Qaida, se responsabilizó del atentado en un comunicado. Aseguró que había perpetrado el ataque para exigir la liberación «de las musulmanas detenidas en las cárceles de los cristianos de Egipto». Posteriormente, en un mensaje sonoro el grupo se refirió directamente a Camelia Shehata y al Wafa Constantin, dos cristianas egipcias que según grupos musulmanes se convirtieron al islam y fueron recluidas en monasterios. Una versión que niega la Iglesia copta egipcia, que mantiene que nunca abandonaron la religión cristiana.

El papa Benedicto XVI pidió ayer a la comunidad internacional más esfuerzos para proteger a las comunidades cristianas en Oriente Medio.