Cabezas nucleares

BARRO

28 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Suena a parodia del cine de catástrofes. Que una instalación que se cree de tan alto nivel tecnológico y de la que pueden depender miles o millones de vidas humanas como la que controla 50 misiles nucleares dependa de la simple rotura de un cable hace que se derrumbe su mitificada imagen y el alto nivel de sofisticación que se le supone e invita, de paso, a echarse a temblar.

Tan insólito suceso se conoce, además, pocos días después de haberse difundido que el hombre más poderoso del mundo puede extraviar durante varios días la tarjeta con los códigos para desencadenar un ataque nuclear y callarse como un colegial porque el sillón del despacho oval baila en el aire por la tormenta desencadenada por su lío con una becaria.

Y si no fuera suficiente para poner en solfa la mitificación del poder y la capacidad casi digna de Superman que tendemos a atribuir a los superpoderosos de este globalizado mundo, podríamos aun acordarnos de cómo la crisis sorprendió subidos a la parra a altos dirigentes de la economía mundial y no solo los ciudadanos de a pie, sino también a montones de grandes expertos, que solo empezaron a entender lo que ocurría cuando un profesor universitario jubilado, Leolpoldo Abadía, lo explicó con magistral sencillez y una parábola protagonizada por la imaginaria y modesta caja de ahorros de San Quirico.

A las cabezas mediocres, que somos la gran mayoría, tales noticias, además de incrementar nuestro escepticismo, nos llevan a creer aun más en la necesidad de fijar controles para las grandes decisiones políticas y económicas sometidas a normales cabezas democráticas antes que a supuestos genios o grandes organizaciones cuyas múltiples ramificaciones se pierden en las sombras. Y a inculcar a los chavales que no hay atajos milagrosos, y que dejarse deslumbrar por supuestos genios con pies de barro solo conduce a la frustración.