«En los campos de refugiados son violadas muchas niñas»

INTERNACIONAL

Esta política haitiana reconoce que la descoordinación en la gestión de la ayuda internacional es todavía un problema

16 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

La vicealcaldesa de la capital haitiana, Nadège Joachim Augustin, llegó ayer al municipio ourensano de O Barco procedente de Madrid (donde fue recibida por el Príncipe de Asturias como miembro de la comisión de la cuarta conferencia europea sobre integración y cooperación en Centroamérica) en una gira que la llevará a Lugo y A Coruña antes de regresar mañana a su país. El motivo de su viaje, dijo, es «hablar de las carencias en materia educativa, sanitaria y de alimentación» que padece Haití tras el terremoto del 12 de enero.

-¿Cuál es la situación actual?

-Muy difícil. La catástrofe ha sido mucho más grave de lo que se ve... El acceso a los barrios del interior todavía es muy complicado, es complejo llegar allí para llevarles ayuda. El 75% de Puerto Príncipe fue destruida, y allí estaba todo; el 80% de los servicios públicos tenían allí su sede, por eso también hubo tantas víctimas. Hay más de 500.000 personas que se fueron y que ahora están volviendo, porque fuera de la ciudad no tienen víveres. Pero en la capital tampoco hay dónde acogerlos. El Gobierno central se está ocupando de otros pueblos, pero no de Puerto Príncipe.

-¿Qué población es la más desprotegida?

-Las mujeres de los campos de refugiados están en una situación muy dramática. Allí la vida diaria es muy dura, sobre todo para las niñas, porque hay muchas violaciones. En los campos de refugiados son violadas muchas niñas. Y un gran número de escolares no pueden ir al colegio porque sus padres están enfermos.

-¿En qué porcentaje se sitúa acutlamente ese absentismo?

-Un 50% de los niños escolarizados no asisten a clase, porque tampoco hay colegios. La reconstrucción de los centros es la segunda urgencia. Estamos trabajando para poder volver a abrirlos en septiembre.

-Tras el terremoto de Haití han ocurrido catástrofes naturales en Chile y China. ¿Ha supuesto esto un descenso en la colaboración internacional ante la necesidad de ayudar también a estos países?

-No. La gente sigue ahí como el primer día. El problema que tenemos es la descoordinación, es difícil la coordinación entre todas las oenegés y las entidades sociales; pero poco a poco lo estamos logrando.