Bakíev, un líder autoritario aupado por una revolución

Tolkun Namatbaieva

INTERNACIONAL

08 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Kurmanbek Bakíev llegó al poder tras la revolución de los tulipanes de marzo del 2005 sustituyendo al corrompido Askar Akáyev. Cinco años después, la situación se asemejaba más a una dictadura militar. Muchos kirguises habían visto con buenos ojos su llegada al poder. Esperaban más bienestar y reformas democráticas en un país empobrecido. Pero lo que hubo es nepotismo, corrupción y abusos de los derechos humanos. Muy poco después de jurar como presidente, Bakiev fue abandonado por quienes lo ayudaron a subir al poder, que lo acusaban de seguir con las malas acciones de su antecesor, al dar ventajas económicas y puestos de responsabilidad a miembros de su familia. La golpeada economía kirguís está en manos de su hijo, Maxim. Su hermano, Shanysh, controla además el Ejército y los demás cuerpos de seguridad.

Bakíev aprovechó la posición privilegiada de este país y de la rivalidad ruso-americana en la región. Es el único país de la ex URSS con una base militar rusa y otra estadounidense, separadas por poca distancia. En el 2009 logró que EE.?UU. triplicara el precio pagado por la base de Manas, crucial para las operaciones en Afganistán, y obtuvo 2.000 millones de dólares de ayuda de Moscú que, según analistas, presionaba para cerrar esa base. Muchos son los que ven la mano de Rusia en lo ocurrido ayer. Vladimir Putin negó cualquier implicación en el baño de sangre.