Suiza recibió ayer el apoyo de las Naciones Unidas, de París y de Bruselas, tras el llamamiento a la guerra santa contra la Confederación por parte del número uno libio Muammar Gadafi, en plena crisis diplomática entre Berna y Trípoli.
«Creo que ese tipo de declaraciones por parte de un jefe de Estado son inadmisibles en las relaciones internacionales», dijo el director general de las Naciones Unidas en Ginebra, Sergei Ordzhonikidze.
Gadafi llamó anteayer a la yihad contra Suiza, a la que calificó de impía y apóstata, y pidió un boicot a su economía en respuesta a la prohibición de la construcción de minaretes aprobada por referendo a finales de noviembre del 2009 en la Confederación.
Berna se limitó a reiterar que no hará comentarios al respecto, pero el portavoz del ministerio francés de Relaciones Exteriores calificó estas declaraciones de inaceptables e hizo un llamamiento a los dos países para resolver sus diferencias «a través de la negociación».
La llamada de Gadafi «llega en un momento inoportuno, cuando la UE trabaja con Suiza para alcanzar una solución diplomática» a la crisis entre Suiza y Libia, dijo por su parte Lutz Güllner, portavoz de Catherine Ashton.