Los ánimos están cada día más enardecidos en EE.?UU. ante la reforma del sistema sanitario. Barack Obama defendió ayer su plan ante los ciudadanos de Portsmouth (New Hampshire) y pidió a sus oponentes no demonizar la reforma. En su opinión, intentan «crear un monstruo que no existe». Obama afronta así críticas como las de la ex candidata republicana Sarah Palin, que afirmó hace poco que el presidente quería crear un «gremio de la muerte» estatal que decidiera quién tiene derecho a contar con un servicio de salud.
Los 1.800 asistentes al encuentro de Portsmouth dejaron hablar sin interrupciones al presidente, tal vez en parte por el formidable despliegue de policía y servicios secretos en la sala.
Fuera del auditorio, sin embargo, la situación era bien diferente. Al menos un millar de críticos se dejaron las cuerdas vocales fustigando el proyecto e insultando a su ideólogo, al que calificaron, en el mejor de los casos, de mentiroso y tirano. Diane Campbell sostenía un cartel en el que se veía a Obama con uniforme nazi. «Adolf Hitler aniquiló a los más débiles [...], eso es lo que ocurrirá aquí», explicó la manifestante. Una niña de la mano de su madre enseñaba otro cartel con el juego de palabras «Obama lies, grandma dies», es decir: «Obama miente, la abuela muere».
El presidente ha respondido a las acusaciones diciendo «a los que están usando tácticas atemorizadoras, que lo realmente aterrador sería no hacer nada». Pero también ha cambiado su estrategia. Si hasta ahora se dirigía a los 48 millones de personas que no tienen cobertura sanitaria hablando de su plan universal, ahora su discurso está destinado a los que sí tienen planes de salud. A ellos les dice que su reforma pretende que paguen menos y que obtengan mejores beneficios. Se espera que el otoño, cuando Obama planea que se apruebe la reforma, sea muy caliente desde el punto de vista político.