Mohamed VI o la interminable transición política marroquí

David Alvarado

INTERNACIONAL

Diez años después de acceder al trono, y pese a logros sociales y económicos, la gestión del rey alauí sigue suscitando dudas

24 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El décimo aniversario de la muerte de Hasán II y la coronación de su hijo primogénito, Mohamed VI, el 23 de junio de 1999, ha desatado una batalla en la prensa por asentar su visión sobre el reinado del actual soberano alauí. Esta profusión de valoraciones mediáticas contrasta con las de políticos, que han sido contadas y amables.

La consigna es evitar cualquier balance oficial sobre la acción del rey que pueda dar pábulo a un debate sobre esta, han confirmado a La Voz fuentes próximas al palacio real.

«Es al monarca al que corresponde hacer la valoración de su reinado y, a partir de esta, los dirigentes políticos tendrán que actuar en consecuencia, no antes», señala un anónimo cortesano.

Es previsible que Mohamed VI dedique parte de su discurso del 29 de julio a resaltar sus logros antes de marcar las acciones de futuro. Un día después, tendrá lugar la fiesta del trono, cuyo colofón es la ceremonia de la bey'a, en la que los notables renovarán su compromiso de lealtad al sultán en su calidad de jefe de Estado y de comendador de los creyentes.

Transición a la democracia

Al final de su reinado, Hasán II había iniciado la apertura política, instaurando en 1998 el Gobierno de la alternancia que bajo la batuta del socialista Abderramán Yusufi auguraba una transición hacia la democracia. Tras unos inicios en los que el joven monarca pareció querer dar un impulso a ese proceso, diez años después el balance es más bien modesto, y el artículo 19 de la Constitución sigue otorgando poderes absolutos al rey.

En paralelo, el campo político está cada vez más debilitado. Mohamed VI interviene en él de forma directa y se reserva la atribución de los importantes ministerios de Interior, Exteriores y Asuntos Islámicos. Además, los partidos y el Parlamento no funcionan como canales entre los ciudadanos y el poder. Como colofón, las últimas elecciones municipales del 12 de junio han supuesto la victoria del partido del amigo del rey, Fuad Ali El Himma, que ha desbancado a los históricas formaciones. Si bien hemos asistido a la eclosión de una prensa independiente, la censura y la persecución judicial contra periodistas aún están al orden del día.

En lo económico, es innegable que el país ha crecido este decenio, al igual que los intereses del grupo real, la ONA, y la fortuna de Mohamed VI, ya el sexto rey más rico del mundo.

Sanidad, educación o las persistentes desigualdades entre ricos y pobres son otras asignaturas pendientes. Entre los logros reconocidos, la adopción de un código de la familia que otorga a la mujer casi iguales derechos que a los hombres, y la reconciliación de los marroquíes con su pasado y con la represión de los años de plomo de Hasán II.