A poco de terminar las elecciones legislativas argentinas, en las que su Gobierno sufrió una importante derrota, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner aseguró que no había nada escrito donde dijera que debían hacerse cambios en el Gabinete. Unos días después acaban de jurar sus cargos los nuevos ministros de su Ejecutivo. La remodelación es un enroque de piezas que la oposición calificó como «gatopardismo».
Los principales cambios se centran en Aníbal Fernández, que pasó del Ministerio de Justicia a la jefatura de Gabinete, a la que renunció Sergio Massa, y en Amado Boudou, que dejó la dirección de la Seguridad Social para ir a Economía. Otro cambio tiene por objeto la presidencia de Aerolíneas Argentinas, cuyo presidente, Julio Alak, pasó al Ministerio de Justicia. Su lugar lo ocupará el abogado laboralista Mariano Recalde, hijo de uno de los hombres más cercanos al sindicalista Hugo Moyano, algo que se entendió como un gesto hacia el hombre que por ahora contiene la presión de los trabajadores.
La renovación también abarcó al área de Cultura, donde José Nun tuvo que abandonar el cargo de secretario y fue reemplazado por el cineasta Jorge Coscia, actualmente investigado por el manejo irregular de fondos públicos. Fueron confirmados en sus puestos los funcionarios más cuestionados: Guillermo Moreno, temido secretario de Comercio cuyos métodos son continuamente criticados por sus interlocutores, y Julio De Vido, ministro de Planificación. Los dos, hombres fuertes del entorno de Néstor Kirchner y que manejan la economía del país.