Los jóvenes socialistas franceses exigen un cambio generacional tras la derrota del domingo
INTERNACIONAL
En la sede socialista de la calle Solferino ya no se habla de ,renovación, sino de profunda refundación. Frente a los que propugnan que la única salida tras la peor derrota electoral de los últimos años es hacer saltar el partido en mil pedazos, el aparato se resiste a dejar el timón. Su responsable máxima, Martine Aubry, ha pedido un plazo de seis meses de tregua.
Las cinco horas de terapia colectiva en el comité nacional sirvieron para empezar el diagnóstico, pero no el tratamiento para que el PS vuelva a conectar con el electorado que le ha dado la espalda. Ni los peores sondeos vaticinaban que los socialistas no alcanzarían el 17% de los votos en las europeas del domingo ni que sería el nuevo partido Europa Ecología el elegido por la izquierda desencantada.
Aubry fracasó en su intento de implicar a los nuevos valores en alza. Ni Pierre Moscovici, ni Vincent Paillon, ni Manuel Valls aceptaron incorporarse a una dirección que la secretaria general quiere reforzar, además, con los elefantes de siempre: Laurent Fabius, François Hollande o Bertrand Delano.
«Hay que cambiar de métodos, de dirección, de generación y de nombre, porque la palabra socialista ya no quiere decir nada», aseguraba Valls, uno de los baluartes de Ségolène Royal, que se hace eco de las quejas de los jóvenes. Las dos rivales firman ahora las paces y será Royal quien represente a Francia en la Internacional Socialista.
De ella toma Aubry su idea de emprender una gira por Francia para sondear a las bases e impulsar la democracia participativa que siempre ha defendido la ex candidata a las presidenciales. La secretaria general propone además un gran frente de izquierdas que recuerda extrañamente a la «izquierda plural» del derrotado ex primer ministro Lionel Jospin. Valls, Peillon y Moscovici coinciden en que hay que resolver primero la situación interna.
El comité nacional del lunes por la noche era «la última gasolinera antes del desierto», según otro joven ascendente, Arnaud Montebourg, decepcionado por la «falta de audacia» de la secretaria general.