El ministro de Exteriores inglés le dice a Brown que el de Interior es el candidato a ocupar su cargo

Imanol Allende

INTERNACIONAL

10 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El primer ministro británico, Gordon Brown, sobrevivía a un nuevo intento de expulsión de Downing Street por parte de sus propios parlamentarios pero, a pesar del efímero triunfo, el resto de la legislatura no va a ser un período de paz. Brown ha tenido que ceder autoridad ante los rebeldes y, tal como le recordó su ministro de Exteriores, David Miliband, el responsable de Interior, hasta hace poco en Sanidad, Alan Johnson, «sigue siendo el principal candidato a ocupar su cargo».

No se sabe muy bien si el comentario de Miliband fue un desliz o una advertencia. Lo cierto es que su referencia a Johnson y sus cualidades como premier demuestran a Brown que está bajo vigilancia y que continúa en Downing Street bajo libertad condicional.

Uno de los rebeldes, el diputado Barry Sheerman, indicaba ayer que «hemos decretado un alto el fuego, le vamos a dar a Gordon una oportunidad más, pero lo vamos a vigilar de cerca». La revuelta de los campesinos, como se la ha denominado, ha podido fracasar pero no va a ser la última. En los próximos meses Brown tendrá que, o bien aceptar que su dirección de gobierno llega a través de un consenso con las distintas familias laboristas, o hacer frente a nuevas revueltas.

Tras su quinta remodelación desde junio del 2007, Brown se reunía ayer con su nuevo Gabinete en un clima de calma tensa. El ministro de Cultura, Ben Bradshaw, declaró tras la reunión que «Gordon Brown sabe que tiene que cambiar su estilo de dirección», ni tan distante de las bases ni tan personal.