El Elíseo se olvidó de invitar a la reina Isabel II a la conmemoración de los 65 años del desembarco aliado
07 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.El mundo de hoy no sería el mismo si no hubiera existido el Día D. Sesenta y cinco años después de la batalla que inició la derrota del nazismo, su conmemoración ha servido para que Francia y EE.?UU. den por definitivamente zanjadas sus diferencias sobre los grandes temas internacionales y proclamen que «nunca habían estado tan cerca». Su única discrepancia es si Turquía debe o no integrarse en la Unión Europea. La declaración de amistad se produjo en territorio americano: en el cementerio que domina la playa de Omaha y donde reposan 9.000 estadounidenses. «No se podía imaginar entonces que los progresos del siglo XX vendrían de esta batalla por nueve kilómetros de playa», aseguró Obama, ante 1.500 veteranos. Fue una batalla «del bien contra el mal» que permitió cambiar el curso de la historia y la existencia de la UE tal y como hoy la conocemos. «Enviamos a nuestros hijos a luchar para que hombres y mujeres que no conocíamos probaran el gusto de la libertad», dijo para añadir en un guiño a los estadounidenses que, cuando «el peligro era máximo, hombres que se creían ordinarios encontraron en ellos mismos la forma de realizar lo extraordinario». Nicolas Sarkozy rindió un sentido homenaje a los libertadores de la Francia ocupada. «Os debemos nuestra libertad. Francia no lo olvidará nunca». El presidente galo recordó que el abuelo de Obama y sus dos hermanos participaron en el desembarco de de Normandía y dijo que el nuevo inquilino de la Casa Blanca representa dos veces «el símbolo de la América que amamos», la que «defiende los más altos valores espirituales y morales, la que se pelea por la libertad, la democracia y los derechos del hombre, la América abierta, tolerante, generosa». Largo encuentro Discursos a parte, EE.UU. y F rancia coinciden en los grandes temas internacionales. Lo dejó muy claro Sarkozy en la rueda de prensa conjunta que siguió a un encuentro que duró el doble de lo inicialmente previsto. Solo les separa la integración de Turquía en la UE, que Obama defiende como sus predecesores, pero que encuentra todas las cautelas de lado francés. Sarkozy prefiere «una relación privilegiada» que la confirme como «un puente» entre la sociedad occidental y el islam. Quiso incluso dar la razón a Obama en su defensa del uso del velo islámico y, olvidando que está prohibido en las escuelas galas, explicó que sus limitaciones se deben al carácter laico del Estado galo y el respeto a los derechos de la mujer. El estadounidense cuenta con todo el apoyo francés en su iniciativa de paz para Oriente Medio. Coinciden en que las últimas pruebas nucleares de Corea del Norte son «una provocación» y trabajan «mano con mano» para impedir que Irán se haga con la bomba atómica aunque tenga «derecho» a la energía nuclear para uso civil. El ministro de Exteriores iraní se entrevistó el jueves con Sarkozy y le transmitió un mensaje para Obama que no quiso revelar. Se limitó a afirmar que Teherán debe «coger la mano tendida» del estadounidense. Las cosas van a toda velocidad entre ellos porque Sarkozy «habla muy rápido» y Obama «comprende deprisa». El olvido Mientras se declaraban su amistad, británicos y canadienses quedaban en un segundo plano. El príncipe Carlos y los primeros ministros Gordon Brown y Stephen Harper rendían su propio homenaje a sus compatriotas caídos en compañía de su homólogo galo François Fillon, antes de sumarse al acto común en el cementerio americano de Colleville. La organización de la conmemoración del desembarco de Normandía ha estado rodeada de malentendidos con Londres. El Elíseo «olvidó» invitar a la reina Isabel II, error que se subsanó gracias a la presencia de su heredero. El matrimonio Sarkozy quería organizar una gran fiesta en honor de los Obama pero la Casa Blanca lo consideró poco oportuno en la víspera de las elecciones europeas.