En un país en el que el 55 % de la población proclama su deseo de abandonar la Unión Europea, ocurren dos cosas cuando se aproximan las elecciones al Parlamento Europeo. Uno, una altísima abstención, y dos, los partidos marginales, aquellos de extrema derecha y antieuropeos, obtienen un gran porcentaje del voto.
Si a esto se une la situación de grave crisis económica por la que pasa el país, es comprensible que el Partido Laborista advierta a sus votantes que el enemigo no es el Partido Conservador, por lo general el mejor parado en estos comicios, sino el Partido Nacional Británico (BNP), de extrema derecha. En Downing Street temen que el BNP logre, con mensajes como el último lanzado por su líder, Nick Griffin, «no existen eso que llaman británicos asiáticos o británicos negros», entre el 9% y el 12% de los votos. En los últimos comicios europeos, logró el 6,4 %.
Otra formación tradicional de estas elecciones es el UK Independent Party (Partido de Reino Unido Independiente, UKIP), cuyo único sentido de existencia es su negativa a la permanencia del Reino Unido en la UE. Ha sido muy polémico el uso de la figura del ex primer ministro, Winston Churchill, con su tradicional saludo de V de victoria, junto al mensaje de «no al pago de 44 millones de euros al día a Bruselas».
El Reino Unido elige 72 europarlamentarios de doce regiones electorales, incluyendo Escocia (6), Gales, (4) e Irlanda del Norte (3). Las predicciones apuntan a una victoria del Partido Conservador, 27, frente a los 22 laboristas.