La próxima cumbre del G-8 tendrá como sede la ciudad italiana de L'Aquila que el pasado 6 de abril resultó afectada por un terrible terremoto. Así lo comunicó ayer el presidente del Gobierno, Silvio Berlusconi, al final del Consejo de Ministros extraordinario celebrado en esa ciudad y en el que se aprobaron ayudas de 8.000 millones de euros para la reconstrucción de la región.
Berlusconi justificó la decisión diciendo que se pretende «ofrecer un mensaje de esperanza a Los Abruzos». La cumbre, fijada para entre el 8 y el 10 de julio, tenía que celebrarse en la isla de La Magdalena, próxima a las costas de Cerdeña. En el G-8 participan las siete mayores potencias económicas, además de Rusia. «La Magdalena habría sido demasiado bella y la reunión se habría desarrollado en un contexto lujoso, que no es el adecuado con el período de crisis que la economía mundial está viviendo», comentó Berlusconi. Es por ello que su Gobierno ha pensado en un lugar más sobrio y austero.
Con la elección de L'Aquila se esperan ahorrar unos 220 millones de euros, que podrán ser destinados a cubrir las necesidades de la región dañada por el seísmo. Como lugar para celebrar la reunión, el presidente del Gobierno italiano señaló que el cuartel de la Escuela de la Guardia de Finanzas es el más adecuado. En este complejo es desde donde se coordinan las operaciones de ayuda y asistencia a los afectados por el terremoto y en el que ayer se celebró el Consejo de Ministros: «Hemos tenido la fortuna de encontrar un lugar que puede acoger este tipo de evento», comentó Berlusconi.
Ventajas contra las protestas
Uno de los puntos más delicados de la cumbre del G-8 es el de la seguridad. Sobre esto, Berlusconi dijo que L'Aquila puede ser un lugar muy seguro porque no cree que los grupos antiglobalización «tengan la cara dura de venir aquí a realizar manifestaciones tan duras como las que estamos acostumbrados a ver». De todas formas, algunos miembros del Gobierno manifestaron sus dudas sobre la posibilidad de celebrar el G-8 en una ciudad en ruinas y con importantes problemas de tipo logístico.
Tanto para el alcalde de la ciudad, Massimo Cialente, como para la presidenta de la provincia, Stefania Pezzopane, la idea de celebrar el G-8 en L'Aquila es positiva, «mientras esto no sea un obstáculo para la reconstrucción», precisó.
El Gobierno italiano también aprobó ayer el decreto ley para Los Abruzos, que prevé una inversión de 8.000 millones de euros en los próximos tres años que servirán para la reconstrucción de la zona afectada por el terremoto.
Según Silvio Berlusconi, no será necesario «meter las manos en los bolsillos de los italianos». Una de las fuentes de financiación será la lotería, con sorteos especiales y juegos de la lotería instantánea.
También se recurrirá al llamado fondo anticrisis de la presidencia del Gobierno y a las ayudas procedentes de la Unión Europea.