Los radicales islamistas llevan la guerra al corazón de Pakistán

N. Sarwar? / ?I.?G. Barbero

INTERNACIONAL

La histórica ciudad de Lahore, en el nordeste de Pakistán, fue considerada en su día como la capital cultural del país. Ahora se está convirtiendo en campo de batalla de los insurgentes islamistas, que se han hecho con el control de extensas áreas en las regiones del noroeste de este país musulmán poseedor de armas nucleares.

Cuatro semanas después de que el equipo nacional de críquet de Sri Lanka sobreviviera a un asalto en el centro de Lahore, con ocho jugadores heridos y siete policías muertos, un comando terrorista atacó ayer poco después del amanecer una academia de policía en las afueras de la ciudad. Al menos ocho cadetes murieron y varias decenas sufrieron heridas en las ocho horas que duró el asalto fedayín, en el que participaron al menos siete terroristas, cuatro de los cuales se suicidaron al verse rodeados por las fuerzas de seguridad. Otros tres fueron detenidos, pero unos pocos lograron huir en un coche robado.

Los atacantes penetraron desde una mezquita adyacente al complejo policial camuflados con uniformes de guardias de seguridad y, algunos de ellos, con mochilas y la cara cubierta. En el momento del ataque, cientos de cadetes hacían sus ejercicios. Los terroristas abrieron fuego contra ellos antes de hacerse con el control de un edificio de la academia, en el que se atrincheraron tomando entre 40 y 50 policías como rehenes, explicó un portavoz del Ejército.

Una vez dentro, el comando se situó en la planta baja y en la azotea y mantuvo tiroteos con los rangers (paramilitares), miembros del Ejército y de los cuerpos policiales de élite que se desplegaron en torno al complejo, situado en Manawan. Los atacantes también dispararon a los helicópteros que estuvieron sobrevolando la zona.

El titular de Interior, Rehman Malik, explicó que los distintos cuerpos de seguridad fueron forzando a los terroristas a subir pisos en el edificio, hasta conseguir reducirlos, pero cuatro se suicidaron haciendo estallar los explosivos que portaban.

«Estamos en guerra»

Las fuerzas de seguridad «han hecho su trabajo y llevado la operación a su final», declaró el ministro, que observó que el comando estaba «bien entrenado» y preparado para su acción. «Es un ataque contra Pakistán. Tenemos que demostrar unidad. Estamos en guerra», subrayó.

A lo largo del lunes reinó la confusión y se barajaron cifras muy dispares de víctimas -una fuente policial llegó a hablar entre 60 y 70 agentes muertos-, aunque al final del día las autoridades redujeron a ocho los fallecidos y a 50 los heridos.

Según diversas fuentes, uno de los detenidos hablaba lengua pastún, la propia de la zona fronteriza con Afganistán, donde tienen refugio grupos talibanes y de Al Qaida. Malik apuntó a yihadistas paquistaníes como posibles responsables del asalto, aunque no descartó una intervención extranjera.

«Lahore es el corazón de Pakistán. Es la capital de la provincia de Punjab donde residen más de la mitad de los 160 millones de paquistaníes. También es el área más próspera del país. Un ataque en esta ciudad es un ataque al país entero», dijo el analista de seguridad asentado en Lahore, Hasán Askari.

Insurgentes vinculados a Al Qaida y a los talibanes han obligado a las fuerzas de seguridad a adoptar una actitud defensiva en la provincia fronteriza con Afganistán y su contigua región tribal, pero ahora están expandiendo el conflicto al este. «Podemos ver con claridad cómo de sangrienta va a ser esta guerra en un futuro próximo», aseguró el general retirado y analista Talat Masud.