El líder norteamericano apuesta por una transición fluida

La Voz

INTERNACIONAL

13 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Si hay algo que Barack Obama ha demostrado a lo largo de su carrera es su capacidad para marcar su propio tiempo. Quizá por eso mientras ayer varios influyentes congresistas de su partido pedían públicamente en Washington el cese de Mike McConell, director nacional de Inteligencia, y Michael Hayden, máximo responsable de la CIA, el líder de los demócratas seguía recluido en Chicago, ajeno a una polémica que según sus asesores no pretende resolver hasta dentro de setenta días.

Y es que una semana después de que el demócrata se convirtiera en el 44 presidente electo de Estados Unidos, lo único que parece seguro a estas alturas es el deseo de Obama de que «haya tan solo un presidente». Es por eso que el aún senador no solo no anunciará ningún nombramiento de su Gobierno esta semana, sino que tampoco acudirá a la cumbre del G-20 que tendrá lugar el sábado en Washington y a la que asistirán varios jefes de Estado.

Un movimiento con el que pretende acallar a aquellos que anunciaron sus primeras reuniones bilaterales con dirigentes extranjeros, y que tendrán que esperar a su toma de posesión el 20 de enero, tal y como publicó The New York Times . En su lugar, la campaña nombró ayer a dos ex secretarios de Estado, el republicano Jim Leach y la demócrata Madeleine Albright, con el objeto de establecer los primeros contactos informales a nivel internacional. Unos nombramientos con los que el líder afroamericano trata de plasmar el espíritu bipartidista que prometió durante su campaña y que han llevado a los analistas a vaticinar el Gobierno con más diversidad racial, geográfica y de género de la historia del país.

En un artículo firmado por el periodista Johnatan Martin, el diario Politico se hace eco de las presiones a las que el equipo de Obama se enfrenta estos días ante la pregunta que resuena en los pasillos de Washington: «¿Debe el primer presidente afroamericano formar un Gobierno que incluya a las minorías en todos los niveles?».

Un interrogante que no resulta fácil de contestar por un candidato que siempre ha tratado de superar las barreras raciales en pos de la mayor eficiencia, pero cuyo éxito se debe en parte también a su promesa de un reparto más justo de las oportunidades. Un mensaje que al demócrata ya ha empezado a pasarle factura después de que tanto líderes de la comunidad latina, que exigen su presencia en al menos veinte puestos clave de la Administración, así como activistas antiguerra, que piden que no siga como secretario de Defensa Robert Gates, ya hayan comenzado a llamar a la puerta de un líder que prometió ser el presiente de todos, pero que, hasta el 20 de enero, no estará para nadie.

Por ahora, solo engrasa la máquina enviando una avanzadilla de evaluadores a todos los ministerios.

Algunos dan por hecho la designación del veterano ex senador Sam Nunn y del ex secretario de Estado Warren Christopher para dirigir las respectivas transiciones en los Departamentos de Defensa y de Estado.