El «valijagate» quita apoyo en las encuestas a la presidenta argentina, que considera el escándalo un complot para dañarla y complicar a Chávez
12 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Recuperar el alto nivel de popularidad con el que Cristina Fernández de Kirchner llegó a la Presidencia de Argentina en diciembre del año pasado es una tarea difícil. Las últimas encuestas conocidas esta semana indican que el 65% de los ciudadanos de ese país desaprueba su acción de gobierno. Cristina tiene una imagen negativa del 42,4% solo superada por la de su esposo, Néstor Kirchner, que llega a un 49% de consideración negativa. Las peores cifras del matrimonio desde que llegó al poder.
Los escándalos de corrupción, como el caso del maletín, al que los argentinos llaman valijagate, deterioran notoriamente la imagen política de ambos.
El 4 de agosto del 2007, el empresario venezolano Guido Alejandro Antonini Wilson arribó a Argentina desde Caracas en un avión particular costeado por el Gobierno de Néstor Kirchner. La agente de la Policía de Seguridad Aeronáutica, María Luján Telpuk, del aeroparque de la ciudad de Buenos Aires, encontró en un maletín 800.000 dólares que Antonini trató de introducir en el país sin declarar.
En el avión viajaban junto con el venezolano, Daniel Uzcategui Speech, hijo del presidente de Petróleo de Venezuela Sociedad Anónima; Claudio Uberti, funcionario y amigo personal de los Kirchner y a quien pertenecería el dinero según Antonini, y el presidente de Enarsa, la petrolera estatal argentina, Ezequiel Espinoza.
Dos días después, el tema tomó difusión pública y Antonini viajó hacia Uruguay, después de haber visitado, según él, la casa de Gobierno durante una recepción al presidente Hugo Chávez que por esos días visitaba Buenos Aires. Semanas más tarde, Estados Unidos informó de que Antonini Wilson se encontraba en ese país.
Desde entonces y hasta hoy se celebran dos juicios, uno en Miami donde se juzga a cuatro supuestos agentes de inteligencia venezolanos, vinculados a Antonini Wilson, y otro en Buenos Aires, donde el juez ya libró una orden de extradición contra el empresario que intentó introducir el dinero en Argentina.
El tema tiene testigos en común, como el caso de la ex agente Telpuk, que declaró ante el juez en Buenos Aires y ante el Tribunal de Florida en Miami. La joven, que renunció a su cargo y pronto apareció en la portada de la revista Playboy, aseguró que tuvo la «sensación» aquella madrugada de que la valija que Antonini Wilson reconoció como suya no era de él. Repitió que ella vio una sola valija con dinero, en contra de lo que sostuvo Antonini en Miami, que en ese vuelo se llevaban para los Kirchner casi seis millones de dólares. Telpuk sufrió el acoso de los agentes de la FBI apenas arribó al aeropuerto de Miami: «Me ofrecieron asilo político y trabajo». Enterado de esto, el ministro de Justicia del Gobierno de Cristina, Aníbal Fernández, denunció que el ofrecimiento del FBI fue «una clase de soborno».
En Argentina hablan de un complot de EE.?UU. para deteriorar la imagen de la presidenta y de paso complicar a Chávez; en EE.?UU. dicen que el dinero salido de Venezuela era para los Kirchner. Acusaciones cruzadas que rozan lo diplomático y siguen dañando la imagen de Cristina Fernández, que no puede escapar a este escándalo que pone en duda de dónde salieron los fondos para su millonaria campaña, que la llevó a ser la jefa del Estado argentino.