Decenas de demacrados prisioneros georgianos fueron forzados ayer a marchar por la capital de Osetia del Sur, mientras los responsables de ese territorio separatista pro ruso llamaron a Tiflis a recoger los cadáveres de sus soldados.
Los hombres de más edad -aparentemente, todos civiles- desfilaron con la cabeza baja y las manos en la espalda, escoltados por guardias armados. Los lugareños se paraban para sacarles fotos con sus teléfonos móviles. Algunos los señalaban y reían. «¿Estos son los prisioneros? ¡Pero si solo son viejos!», dijo una mujer.
Diecisiete de los hombres fueron trasladados al patio del Ministerio de Defensa osetio para barrer los cristales y desechos tras los feroces enfrentamientos de la semana pasada de las fuerzas georgianas contra las tropas rusas y los rebeldes separatistas. Otros 30 fueron llevados a una base en el extremo norte de la ciudad, y caminaban a través de nubes de polvo mientras helicópteros rusos MI-8 los sobrevolaban a baja altura. Allí se les encomendó la tarea de descargar raciones de comida para los habitantes de Osetia.
Golpes
Cuando los presos fueron sacados de las celdas, un soldado golpeó a uno de ellos en la nuca. Muchos tenían moretones en los ojos y el rostro. «Soy de Tiflis. Estaba aquí trabajando cuando estalló la guerra. Fui capturado», dijo uno de los prisioneros antes de que un guardia armado solicitara al periodista abandonar el área. Otros parecían temerosos y se negaron a hablar.
«Los estamos alimentando, los estamos cuidando. Son todos civiles. Sus propios líderes los abandonaron. Ahora queremos canjearlos», dijo uno de los guardias.
El fiscal general de Osetia del Sur, Taimuraz Jugayev, dijo que «son más de 40» y que también ha capturado a nueve militares georgianos. También llamó a las autoridades de Tiflis a contactar con el Gobierno separatista para recuperar las decenas de cadáveres de soldados georgianos que aún permanecen al sol en Tsjinvali. «Cuanto más tiempo pase, menos posibilidades tenemos de identificar los cadáveres», agregó.