Nadie tiene certezas sobre el efecto que tendrá este plebiscito en la ya complicada crisis política boliviana, marcada por la creciente polarización entre el proyecto constitucionalista de Evo Morales y el plan autonomista que han emprendido sus opositores regionales al margen de las autoridades nacionales. Los más optimistas opinan que la consulta puede acabar con el desempate de dos modelos políticos en pugna, otros creen que el revocatorio dejará las cosas igual y los pesimistas auguran una radicalización de la crisis.
Los oficialistas están convencidos de que Morales saldrá ratificado con un apoyo superior al 53,7% que obtuvo en las elecciones del 2005. Además, el oficialismo espera que este referendo cambie el mapa político regional y que algunos opositores sean revocados.
Muchos analistas bolivianos tienen una visión pesimista sobre la consulta al considerar que no resolverá nada, aunque puede suponer un termómetro para conocer el apoyo con que cuentan tanto Morales como sus opositores regionales en el ecuador de sus mandatos. La confusión planea sobre cómo se interpretarán los resultados después de que el Tribunal Electoral acordara con sus filiales regionales que los gobernadores solo serán revocados si el voto contra su gestión (el no) supera el 50% de los sufragios. Los analistas esperan que la consulta permita el diálogo en el país.