El viernes se escenificó el regreso de Néstor Kirchner al estrado público tras su último discurso antes de la derrota gubernamental en el Senado. Era simbólico por el contenido político, pero también por lo afectivo: de nuevo aparecía con Cristina Fernández en público y lo hizo con un guiño a la presidenta, al dejarle todo el protagonismo en los dos actos en los que ella aprovechó para resaltar su relación con él.
«La vida me ha dado más de lo que puedo pedir. Me dio una familia, un compañero, con quien en más de 30 años de militancia nos ha tocado vivir las vicisitudes que todos sabemos», dijo Cristina. Con semejante sentencia volvió a apagar el runrún que rodea habitualmente a todo lo que hacen los Kirchner.
Es un clásico en Argentina el rumor que habla de una hipotética separación, de una mala relación y, en un sentido menos personal, de una unión política más que sentimental entre ellos. No es la primera vez que el matrimonio escenifica su unidad, lo que antes provocaba en la sociedad sensación de estabilidad en el país. En estos momentos, sin embargo, suscita suspicacias por el papel de un primer caballero demasiado metido en el papel, según ponen de manifiesto todas las encuestas.