«Ríos Montt acabará como Pinochet»

INTERNACIONAL

«En Guatemala, la influencia del Ejército ha disminuido en el plano político, pero los altos mandos militares siguen teniendo mucho poder basado en el narcotráfico»

20 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Luis Gurriarán López, un misionero gallego que lleva 47 años trabajando en Guatemala, ha vuelto unos días a su Valdeorras natal para celebrar sus bodas de oro sacerdotales con su familia.

Él fue quien, hace 26 años, junto a la joven Rigoberta Menchú, luego Premio Nobel de la Paz, denunció en las Naciones Unidas el genocidio guatemalteco que hoy investiga la Audiencia Nacional española. La líder indígena presentó hace años una denuncia ante la Justicia española contra el ex presidente Ríos Montt y otros responsables del genocidio de más de 200.000 guatemaltecos, el mayor de toda la historia de América Latina. Tras un sinfín de avatares judiciales, la Audiencia Nacional incoó un proceso en el que el juez Santiago Pedraz pretende sentarlos en el banquillo. Incluso se desplazó a Guatemala para interrogarlos y, como respuesta, las autoridades judiciales guatemaltecas acaban de admitir a trámite una querella criminal contra el magistrado español.

-¿Qué espera Luis Gurriarán de este proceso?

-Yo creo que va a suceder algo similar, en los niveles que corresponden, a lo que pasó con Pinochet. Ríos Montt y otros imputados en este proceso podrán eludir el juicio y evitar una sentencia que los mande a la cárcel, pero quedarán marcados para la historia, como le ocurrió al dictador chileno.

-Cree que algún día la Justicia guatemalteca seguirá el ejemplo de la chilena y abrirá sus propios procesos en el país contra los genocidas?

-Para que eso ocurra, las cosas tienen que cambiar mucho en Guatemala. La Justicia en Chile tenía un engranaje que funcionaba, aunque durante la dictadura dejó de hacerlo. En Guatemala, si en algún lugar se han metido las fuerzas del mal, por decirlo de alguna manera, ha sido precisamente en el poder judicial, y se han metido durante los años fuertes de la dictadura. Los anteriores intentos de enjuiciar a Ríos Montt solo sirvieron para corromper aún más el sistema judicial.

-¿En qué han cambiado las cosas en Guatemala en los diez años transcurridos desde los acuerdos de paz?

-El panorama actual no es muy halagüeño. Lo que ocurre es que, para los que hemos pasado momentos como los que nos ha tocado vivir, cualquier cosa es mejor. Esa guerra que se vivió en Guatemala, impuesta por un Ejército que solo la quería para seguir gobernando, para seguir enriqueciéndose, se acabó. La influencia del Ejército ha disminuido, por lo menos en el plano político, pero hoy sigue teniéndolo, pero es un poder basado en el narcotráfico, porque hay muchos altos militares que están metidos en eso.

-¿Y en su entorno más inmediato?

-Cuando regrese a Guatemala, volveré a la selva del Ixcán, que es donde he vivido y trabajado siempre, pero ahora voy y puedo vivir tranquilo. Ahora ya no me encontraré a los 3.500 soldados que estaban en una región de más o menos 1.200 kilómetros cuadrados. Se han ido porque ya no les quedaba mucho más que robar.