Hoy pasará un reconocimiento médico, pero asegura que está encantada de tener «una agenda vacía»
05 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Ingrid Betancourt, «feliz de respirar el aire» de su «dulce Francia», quiere que su segunda patria comparta con el presidente colombiano, Álvaro Uribe, el mérito de su liberación. A su llegada al aeropuerto militar de Villacoublay quiso dejar claro que ha sido «fruto de la reflexión común» propiciada por París.
«Me habéis salvado la vida», aseguró a pie de avión, sin hacer de menos a «esos héroes colombianos» que la rescataron «sin tan siquiera ir armados». La ex rehén se mostró convencida de que «esta operación impecable» no hubiera tenido final feliz si París no hubiera convencido a Bogotá de que había que abandonar la idea de la intervención armada: ella fue testigo de cómo un intento acabó con la ejecución de dos secuestrados.
Bajó sola del Airbus presidencial para abrazar a Nicolas Sarkozy y a su esposa, Carla Bruni, y dirigir unas palabras que las lágrimas interrumpieron en varias ocasiones: «Desde que me liberaron, no hago más que llorar de alegría», concluyó entre los aplausos de los miembros de los comités que la apoyan desde el inicio de su cautiverio.
La sala de fiestas del palacio del Elíseo la esperaba llena a rebosar de artistas, intelectuales, políticos y gente de a pie de todo el país que nunca perdió la esperanza en su liberación, la mayoría sin conocerla personalmente hasta ayer. Especialmente emotivo fue su abrazo con Florence Aubenas, la ex periodista del diario Liberation que permaneció seis meses secuestrada en Irak hace tres años.
Rodeada de su familia, pidió a Sarkozy que siga movilizado por el resto de rehenes de las FARC, que visite Colombia para hablar con Álvaro Uribe, «al que ahora queremos», y que acoja en Francia, con una beca de solidaridad, a sus compañeros liberados que lo deseen. El presidente francés no pudo negarse y reiteró su oferta de acoger en territorio galo a los guerrilleros que se decidan a abandonar las armas.
Ingrid Betancourt pasará hoy un amplio reconocimiento médico en el hospital parisino de Val-de-Grâce. Los análisis de sangre permitirán confirmar si quedan restos de la hepatitis que sufrió durante su cautiverio, aunque los primeros exámenes del médico del Elíseo que viajó a Bogotá han sido satisfactorios.
Piensa concentrar sus energías en conseguir la liberación de aquellos que siguen en la selva. Se plantea dedicar el máximo de su tiempo a la familia y para ello está dispuesta a convertirse en «ciudadana del mundo» y dar salida a la espiritualidad que le ha ayudado a sobrevivir estos últimos seis años visitando al Papa, la capilla parisina de la Rue du Bac, donde dicen que hay apariciones de la Virgen, y también el santuario de Lourdes.
Pero se muestra «encantada de tener una agenda maravillosamente vacía», aunque tendrá que hacerle un hueco a los servicios de información franceses, que esperan el momento adecuado para interrogarla.