George W. Bush y Gordon Brown reafirmaron ayer el continuismo de las «relaciones especiales» que mantuvieran EE. UU. y el Reino Unido en tiempos de Tony Blair. En otras palabras, Londres cede a los deseos de Washington en aspectos como el aumento de la presión sobre Irán por su política nuclear, el reforzamiento militar británico en Afganistán y la permanencia de sus tropas en Irak.
Lo que menos desea en estos momentos un Brown apaleado por las encuestas de opinión es demostrar también debilidad en política internacional y de paso enojar al primo americano. Por lo tanto, no sorprendió que respondiera de manera positiva y hasta zalamera a las peticiones de Bush.
El mensaje de advertencia enviado a Irán fue compartido por ambos estadistas. Brown anunció en la rueda de prensa conjunta que Londres impondrá «mayores sanciones» contra Irán, por ejemplo, congelando las cuentas en el exterior de bancos iraníes -Melli y Saderat, entre otros-, así como una nueva fase de sanciones en relación al petróleo y el gas.
Además, prometió a Bush que los demás líderes europeos lo imitarán. Contradiciendo lo dicho por Brown y la Casa Blanca, la Unión Europea señaló que no tenía previsto aprobar ayer en Luxemburgo nuevas sanciones contra la república islámica, aunque la decisión política de hacerlo ya está tomada.
En cuanto a Afganistán, Brown también contentó a su invitado. La presencia militar británica en la lucha contra los talibanes alcanzará su número más alto, más de 8.000 soldados -la mayoría en la provincia de Helmand-, a pesar de las advertencias de los altos cargos del Ejército sobre la presión a que están sometidos por su presencia en los conflictos afgano e iraquí. El anuncio del envío de 230 soldados adicionales al país asiático tuvo lugar el mismo día en que los medios anunciaban la repatriación de los cuerpos de cinco soldados británicos.
«Nunca hemos ocultado que la situación en Afganistán es dura, pero -insistió Bush- la marcha hacia la democracia nunca ha sido suave».
Sin calendario fijado
Tampoco sorprendió que el premier rechazara cualquier calendario sobre una retirada escalonada de Irak, deseo de una gran parte de la sociedad británica y que movilizó ayer a centenares de personas en Londres. Brown prometió no establecer «fechas artificiales» para la retirada de Irak, ya que «se está avanzando». Aunque también dijo que las tropas británicas pasarán de una situación de combate a la de observadores.
En respuesta, Bush calificó a Brown de «duro en la lucha contra el terrorismo, lo que aprecio, y es algo que deberían de hacer todos los británicos, hay que ser fuerte en Afganistán, en Irak».
El presidente de Estados Unidos se desplazó a Belfast, la última etapa de su gira de despedida por Europa, donde lo esperaban unos 200 manifestantes en contra de la guerra en Irak.
En el palacio de Stormont, Bush se declaró impresionado por los progresos alcanzados en la última década del proceso de paz, ante Brown, el jefe de Gobierno de Irlanda, Brian Cowen, y los mandatarios norirlandeses, el protestante Peter Robinson y el católico Martin McGuinness.