Dos devastadoras catástrofes en menos de dos semanas. Dos países con tragedias nacionales. Decenas de miles de personas muertas en Birmania y una cantidad similar en China. Pero el contraste en el manejo de las víctimas no puede ser más impactante. Mientras China movilizó en pocas horas los primeros equipos de rescate, en Birmania, más de diez días después, aún hay supervivientes que esperan asistencia.
Solo pocas horas después del seísmo, el jefe de Gobierno chino estaba en la provincia de Sichuan. Por la noche, alentó a las víctimas entre escombros y basura. El hombre fuerte de Birmania permaneció invisible la primera semana en su solitaria nueva capital, lejos de toda civilización, y el séptimo día apareció votando en un referendo.
El presidente chino convocó de inmediato una sesión de crisis para coordinar las medidas de emergencia. Las autoridades tuvieron conciencia pronto de las dimensiones de la catástrofe y entendieron que, tras las críticas internacionales a su política en el Tíbet, era necesario actuar rápidamente. En Birmania, Than Shwe también se reunió con sus generales. Pero solo para preguntar cómo iban los preparativos para el referendo.
Ayuda exterior
China dio la bienvenida de inmediato a los ofrecimientos de ayuda desde el exterior. En las embajadas birmanas de todo el mundo hay cooperantes que llevan semana y media pidiendo en vano una visa.
La televisión estatal china informaba ya en las primeras horas en vivo desde la región y mostraba las casas destruidas. Los periodistas extranjeros obtuvieron permiso para viajar a la zona del desastre. En Birmania, el delta del Irrawaddy es una zona cerrada a todos los extranjeros, reporteros y cooperantes. Algunos periodistas lograron engañar al Ejército y avanzaron hasta el delta por bote o a través de senderos. Así lograron sacar al exterior fotos y vídeos de cadáveres descompuestos, heridos desesperados y médicos que operan a la luz de las velas. Pero en los medios estatales solo se ve a soldados que reparten paquetes de ayuda.
China movilizó enseguida a 50.000 soldados. Birmania liberó a funcionarios y soldados para que hicieran propaganda a favor del sí.