Sarkozy afronta con toda probabilidad un voto de castigo en las municipales de hoy

Esperanza Suárez

INTERNACIONAL

09 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Diez meses después de las presidenciales, 45 millones de franceses vuelven hoy a las urnas en una primera prueba de fuego para el nuevo jefe del Estado. Las elecciones municipales, las más cercanas al ciudadano, lo amenazan con un voto de castigo que podría desembocar en una nueva forma de cohabitación.

Esa es al menos la esperanza de la izquierda, que parte como favorita y sueña con hacerse con una treintena de municipios de más de 20.000 habitantes. Los resultados de Marsella, Toulouse y Estrasburgo decidirán a la hora del recuento quién puede proclamarse vencedor.

Nicolas Sarkozy se ha distanciado de la campaña al mismo ritmo que los sondeos reflejaban su descenso de popularidad. Esta semana envió un mensaje muy claro al 21% de electores decididos a sancionarlo: seguirá con sus reformas con «las mismas ganas» que hasta ahora y que le han costado la censura de buena parte de sus votantes.

Veintidós de sus ministros y secretarios de Estado se la juegan hoy con diferentes pronósticos en un primer test de popularidad que podría servirle de excusa para una gran remodelación que oficialmente se desmiente, pero que se rumorea con insistencia.

La jornada realmente decisiva será dentro de una semana, en la segunda vuelta. El sistema francés extiende a los ayuntamientos su concepto presidencialista y será dentro de siete días cuando los electores decidan entre los dos candidatos más votados, con la posibilidad de triangulares si un tercer partido obtiene más del 10% de los votos.

En algunos ayuntamientos, la elección podría quedar hoy vista para sentencia si un candidato obtiene más del 50% de los sufragios. Esa es al menos la esperanza de los conservadores con Alain Juppé, que no consiguió escaño en las legislativas y tuvo que dimitir como ministro, y ahora espera anotarse el tanto en Burdeos. La izquierda puede apuntarse a la primera Dijon, Rouen y Lille.

París esperará al próximo domingo sin que nadie amenace el triunfo del socialista Bertrand Delanoë. La UMP, el partido de Sarkozy, la ha dejado a su suerte, decidida a acabar con una generación de dirigentes demasiado próximos a Chirac. Si la derrota es demasiado importante, el partido conservador también estallará en pedazos en Lyon y en Marsella.

A la hora de las alianzas, el centro, de François Bayrou, candidato en Pau, puede ser decisivo. A derecha o izquierda, dependerá de dónde y con quién.