Bélgica vuelve a enredarse en sus diferencias a los dos meses de formar Gobierno

Juan Oliver

INTERNACIONAL

12 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Creían haber vuelto a la calma antes de la Navidad, pero apenas superado el Carnaval los belgas se han dado cuenta de que estos dos últimos meses han sido apenas una pausa temporal en la profunda crisis política en la que se encuentran.

Hoy hace 55 días que el rey Alberto II encargó al primer ministro y perdedor de las elecciones del 2007, el liberal flamenco Guy Verhofstadt, que formara un Ejecutivo de salvación nacional. Se suponía que esa solución iba a desenredar las negociaciones para que el conservador flamenco Yves Leterme, ganador de los comicios, pudiera auparse a la jefatura de Gobierno el 23 de marzo. Pero Leterme, incapaz de pactar en seis meses un reparto de poder con la minoría valona, tal y como ordena la Constitución, sigue sin conseguir los apoyos necesarios para acceder al poder en esa fecha.

El domingo pasado fue el más caluroso de la historia en un mes de febrero, según los registros del Real Instituto Belga de Meteorología. Y también fue un fin de semana caliente para la clase política, después de que el líder del Movimiento Reformista (MR) francófono, Didier Reynders, cuyo concurso es imprescindible para que Leterme pueda ser primer ministro, asegurara que de momento no tiene intención de ayudarlo.

Reynders escogió perfectamente el día de su advertencia, justo en vísperas de que el Gobierno provisional se sumerja desde esta semana en dos debates clave para el futuro del país: los presupuestos del 2008, con la vista puesta en las inversiones que para las tres regiones -Bruselas, Flandes y Valonia-; y la reforma constitucional.

Reparto de dinero y de poder

De esta última depende que el rico norte flamenco obtenga una ampliación de competencias que están ahora en manos del Estado federal, posibilidad que espanta en Valonia, temerosa de que se rompa la equidad presupuestaria entre las dos comunidades, de la que sale ampliamente beneficiada.

Con ese ambiente, cualquier noticia alimenta las tensiones. Como la propuesta del Partido Socialista francófono para que los trenes sean gratuitos en diez años, medida que Valonia no podría costearse por sí sola y que Flandes considera una provocación.

La prensa de esa región ha respondido con un informe que asegura que los parados valones rechazaron el año pasado 12.000 ofertas de empleo en Flandes, y ha acusado a Alberto II de violar su papel de mediador independiente. Según afirman, Alberto II propuso a Leterme que se acercara al MR y rompiera su alianza con los nacionalistas flamencos moderados, con los que acudió en coalición a las urnas y que lo presionan para que la reforma constitucional sea lo más ambiciosa posible.