Al menos 70.000 personas huyeron de sus hogares en el oeste de Kenia a causa de los disturbios que estallaron tras las elecciones del 27 de diciembre, informó ayer la Cruz Roja keniana.
Imágenes aéreas en zonas del oeste del país mostraron centenares de casas y chozas incendiadas, así como numerosos retenes instalados en las carreteras de la región.
«Es un desastre nacional», declaró el secretario general de la Cruz Roja keniana, Abbas Gullet. Solamente las personas del «buen grupo étnico» pueden franquear esas barreras, añadió, sin precisar a qué etnia se refería.
La actual oleada de violencia es la más grave en el país desde un intento de golpe de Estado frustrado en 1982 contra el dictador Daniel Arap Moi.
Los refugiados que han llegado a Uganda son en su mayoría mujeres y niños.
«No podía quedarme allí, era insoportable», dice John Karuiki, uno de los refugiados. «Están disparando a cualquiera que se mueva, y allí no podemos seguir», agregó.
Las autoridades de Kenia convocaron una reunión urgente para adoptar medidas frente al flujo de refugiados. «Hemos hecho un llamamiento a los kenianos para que regresen a su país», dijo el jefe policial de la fronterizo Malaba, Eduwar Kyaligonza.
El legislador ugandés del también fronterizo Tororo, Geoffey Ekanya, pidió al Gobierno de Kampala que adopte medidas para afrontar «la crisis». El portavoz del Ministerio de Defensa ugandés, Felix Kulayigye, dijo que las Fuerzas Armadas han adoptado medidas para evitar que la crisis se extienda a Uganda.