La garra del Lugo se queda sin filo contra la muralla del Fuerteventura

CDLUGO

19 may 2008 . Actualizado a las 10:15 h.

Todo estaba servido para que el Lugo rescatase el aroma de las grandes gestas. Ambiente excepcional en las gradas, euforia desatada por el esprint final rojiblanco, jugadores hipermotivados y la fase de ascenso como premio eran los alicientes que volaban en el aire del Ángel Carro. Pero, una vez más, la decepción se desató al final del encuentro, cuando los de Fonsi Valverde caían por 0-1 después de haberse vaciado hasta la extenuación. El orden defensivo del Fuerteventura y su capacidad para jugar con la ansiedad de un rival al que sólo le servía el triunfo fueron suficientes para arrancar los tres puntos de un templo atestado de fieles.

El choque comenzó de poder a poder. Los dos equipos se desbocaron en busca de la meta contraria a la caza de un gol que incrementase el miedo del contrincante. Pero la falta de precisión abortó las oportunidades que se daban en una atmósfera frenética de fútbol. Demasiada pólvora nada más alzarse el telón. Con el transcurso de los minutos, el Lugo se hizo con el mando, mientras el Fuerteventura, sufriendo en un terreno inundado, se protegía de las acometidas de los locales.

Con el balón en las botas de los rojiblancos, los ánimos se fueron templando a medida que avanzaba la primera mitad. Los de Fonsi Valverde no traducían el dominio territorial en ocasiones claras. Pero los canarios, a los que el esférico escocía, sacaban máximo rédito a la buena colocación y al oficio de sus mediocentros. La tromba de juego local se fue diluyendo con el transcurso del encuentro y, a la media hora, la pérdida de movilidad del Lugo provocó que la contienda se igualase.

Tras el descanso, los rojiblancos reservaron el vendaval hasta el minuto diez. Desde entonces, los locales sacaron la casta y la calidad para arrinconar a un Fuerteventura que empezaba a sufrir de lo lindo. A ninguno le valía el empate que imperaba en el marcador. Pero el gol se hacía esperar, mientras la tensión y la incertidumbre inundaban un graderío en el que la afición se desgañitaba sin desmayo.

Ambición

Fonsi Valverde recogió el guante de la ambición y retiró del césped a un central para dar entrada a Sergio. El de Portomarín, sacrificado pese a sus problemas físicos, fue recibido entre vítores por la parroquia. Apuesta cerrada. El Aquiles rojiblanco sacaba brillo a su lanza para derribar la Troya canaria.

Cuando mejor pintaban las cosas para los anfitriones, una terrible pifia de Marcos Valín a la salida de un córner, cuando no consiguió blocar un balón envenenado, colocó a los lucenses al borde del abismo. El meta formado en la Milagrosa regaló un gol a Memo que ponía las cosas muy cuesta arriba. El cuadro local dio un último toque de corneta para apelar a la bala del corazón.

Pero Novoa no falló. Aguantó las últimas acometidas rojiblancas y fue el protagonista de la proeza que los majoreros firmaron en el Ángel Carro. Al final, ni los charcos frenaron la euforia canaria.