Canarias, la aventura que no dejó nada

GALICIA

Muchos han preferido vivir en Galicia con la mitad de ingresos que permanecer en el huracán de la crisis

05 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Fue bonito mientras duró, pero hace más de año y medio que las Canarias ni dan dinero, ni son divertidas. Los gallegos que fueron a trabajar a las islas y que primero iniciaron el camino de vuelta cuando se acabaron los días de trabajo a metro y abultados sobres que a veces no llegaban ni al banco, aún se han ido colocando. Los que han llegado en los últimos meses con la crisis desatada alucinan: más trabajo, en peores condiciones y la mitad del sueldo. Quienes pidieron ayuda a la Administración se han encontrado con que los largos años en las islas no les dan derecho a casi nada. En el mejor de los casos, la experiencia canaria dejó a estos emigrantes la posibilidad de comprar una vivienda o iniciar un negocio en Galicia, pero muchos han tenido que volver a casa de sus padres tras superar el vértigo que siempre produce empezar de nuevo.

José Miguel (37), 11 años en Lanzarote

El 8 de agosto José Miguel, su mujer y su hija desembarcaron en Galicia después de casi doce años en Lanzarote. «O último día de xullo pecharon a empresa por completo. Xa non había nada que facer». Lo cuenta tranquilo, mientras acude a recoger a su hija al colegio de Carnota, donde cada curso se incorpora algún niño nacido en las islas. El lunes empieza a trabajar en una obra cerca de su casa por un sueldo que ni se acerca a la mitad de lo que cobraba en Canarias. «Para a muller xa nin miramos». Una situación muy distinta a la de allí, donde su esposa cambiaba de empleo cada temporada. José Miguel ha superado un síndrome que ya se ha extendido entre los empleadores gallegos de la construcción, que rechazan a obreros que hayan trabajado en Canarias: «Alí construése moi mal -admite José Miguel, que cuenta casos que harían sonrojar al propio Pepe Gotera-, e o que aprendeu o oficio en Canarias, pode que non aprendera moito».

Juan José, (38), 17 años en Gran Canaria

Lleva un año en Quilmas, en casa de su madre, y no ve la hora de regresar. Allí trabaja en la hostelería, aquí en la construcción. Es un cambio de sector obligado por las condiciones del mercado: «Aquí te ofrecen diez horas, sin vacaciones ni días libres». Juan José tiene ya más acento canario que gallego y no admite de buen grado que en su viaje de vuelta pese el hecho de que su mujer sea canaria. «Me preguntan, ¿tu mujer quiere irse, no? Y yo respondo: «No, el que quiere irse soy yo». Muchos de los retornados opinan que, con menos, en Galicia se está mejor: la casa de los padres, el pescado de los amigos, las patatas de la huerta... «Eso no son ventajas, son disculpas, porque para tener todo eso hay que trabajarlo igual».

Irene, (30), 10 años en Lanzarote

Lo fue para ella y lo ha sido para la mayoría. Aunque volvieran cada verano, encontrar de nuevo el sitio no ha sido fácil para nadie. «Eu non son máis feliz aquí -dice Irene-, pero voltei pola miña filla, que agora pode estar máis tempo conmigo». La niña corretea en soledad por un parque de Lira que no recibiría la aprobación ni de un inspector ciego. Irene regresó hace siete meses a la muerte de su madre. Ahora se ha hecho cargo del negocio familiar. ¿Le va mejor? «Aínda teño que facer números porque tiven que pedir un crédito para reformar o local». Antes pasó por el Ayuntamiento a pedir un empleo. «Non me fixeron ni caso».

Vicente, (39), 12 años en Lanzarote

No es el caso más común, pero Vicente está muy satisfecho con su experiencia canaria. Durante los primeros diez años no regresó a Galicia ni una sola vez. En los dos siguientes ya fue planeando el regreso. Compró una vivienda y la vendió antes de volver: «Gañei o doble en catro anos». Con los beneficios ha abierto una carpintería en O Pindo, aunque él no es carpintero: «Pero o meu socio si, e moi bo». El bueno de Vicente recuerda el regreso, lo extraño que se sintió y lo dice en la barra de un bar donde los otros cuatro parroquianos son, como él, retornados de Canarias. Comenta aquellas noches que no se acababan nunca: «Vivía os doce meses como un rei, pero non o boto de menos. Cada cousa no seu momento».

María José, (35), 5 años en Tenerife

María José admite que se fue «a la aventura» y que no le costó nada encontrar empleo: «Deixabas un e ao día seguinte atopabas outro». Además de empleo, María José encontró un marido canario y, cuando se quedó embarazada, planteó la vuelta. «Ao principio foi moi duro. Estivo dous meses chovendo e o meu home quería marchar». No era solo la lluvia. También las duras ofertas laborales que encontraba. Nada que ver con la hostelería canaria, donde esperaba hacer una carrera. Pero ahora ya están completamente asentados y María José defiende la teoría del valor de las gallinas y el pescado de casa: «Estamos moito máis a gusto aquí».

Marisa, (47), 6 años en Fuerteventura

Hace año y pico que regresó y el negocio que traspasó allí se está convirtiendo en una ruina. Trabajadora nata, Marisa ha ido encontrando como ganarse la vida en Vigo desde que regresó, principalmente como auxiliar de geriatría. La aventura canaria no le solucionó la vida porque ya tiene las maletas hechas de nuevo para iniciar su cuarta vida, ahora en el País Vasco, ¿por la crisis?. «No, esta vez es por amor».