Salir en la tele a la misma hora que una supuesta amante, sin pinta, por cierto, de serlo, del marido de Rosa Benito -antes conocida como la mujer de Amador Mohedano y mucho antes como la cuñada de Rocío Jurado- y que la audiencia no se derrumbe, aunque el programa se llame Ahora caigo, tiene mucho mérito. Lo tiene el formato, un concurso ágil, entretenido, blanco y familiar, con resquicios de humor amarillo cada vez que los aspirantes a viajar al centro del plató inician un meteórico viaje al centro de la tierra, pero sin opción a despedirse. Lo tiene la selección de concursantes sonrientes, con bastante soltura delante de las cámaras y debidamente aleccionados para el espectáculo. Y lo tiene el presentador, un Arturo Valls haciendo de sí mismo, o sea, de tipo ingenioso, más resultón que guapo, algo travieso y con suficiente bagaje en Caiga quien caiga como para caer definitivamente simpático. De hecho, tiene todas las papeletas para convertirse en el yerno ideal, ahora que Ramonchu parece haberse ido definitivamente con las vaquillas y los niños a otra parte.
Con Ahora caigo, Antena 3 amplía su oferta de concursos en horario de máxima audiencia, en una época en la que no solo soñamos con un milagro que nos libere de la presión de las deudas, sino que estamos dispuestos a poner todo de nuestra parte para que se produzca. Y para eso, en televisión, hay solo dos caminos: o meterse en GH o empaparse de cultura general. Eso sí, no intenten las dos cosas a la vez.