Pornografía sentimental en la madrugada

César Wonenburger

TELEVISIÓN

«La caja», el espacio de Telecinco sobre problemas emocionales

05 feb 2009 . Actualizado a las 17:49 h.

No hace mucho escuché el tema principal de la banda sonora de Deseando amar , la obra maestra de Wong Kar-wai, que salía del televisor, durante alguna de las pausas comerciales de Telecinco. Aquí pasa algo raro, pensé: no es posible que los programadores de la cadena líder en la emisión de morralla se hayan vuelto exquisitos de la noche a la mañana, y como acto de contrición, decidan dedicar parte de su tiempo a proponer algo del mejor cine.

Como en días sucesivos la melancólica melodía volvía a sonar, asociada siempre a la misma cadena, me puse a averiguar qué pasaba y pronto descubrí que aquella música servía para anunciar un nuevo producto de la máquina de los horrores. La caja , se llama el invento, y «bajo su apariencia inocua, de servicio social - «si algo inconfesable le atormenta, dígannoslo a nosotros y le ayudaremos a superarlo», parece ser la propuesta del programa-, acaba de ofrecerse a la audiencia como otro capítulo en el catálogo de las abyecciones catódicas, asociado a la pornografía sentimental.

Por lo visto hasta ahora, a la cita acuden dos tipos de desesperados: los pobres, que padecen por culpa de algún trauma relacionado con los malos tratos, incomprensiones e injusticias varias; y los ricos, torturados por fobias relacionadas con el miedo a algún bicho, cangrejos y arañas, esta vez, pájaros, según se anuncia, la semana próxima. Encerrados en una enorme caja, los sufridores desgranan sus aflicciones, mientras una voz de mujer les enfrenta a imágenes de su pasado: desde fotografías del padre ausente a un desfile de tarántulas, que se proyectan en las distintas caras del cuadrilátero.

En tiempos de crisis, la contribución de Telecinco a la paz social consiste en esta terapia psicoanalítica televisada, que amenaza con dejar en paro a los psiquiatras: para que el pueblo se salve, alguien tiene que perder. Si se deciden a emitir en directo las ejecuciones de los condenados a muerte, el éxito aún será mayor. Pero al menos deberían dejar en paz a Wong Kar-wai.