El «artisteo» nacional se pone al volante en Cuenca

Mercedes Rodríguez

GENTE

La ciudad castellana se ha convertido en una peregrinación continua de rostros populares que se sacan el carné de conducir en cursillos intensivos.

26 jul 2008 . Actualizado a las 14:27 h.

Recorrer las calles cercanas al casco antiguo de Cuenca parece un paseo por el boulevard de las estrellas. Ahí están fotos de toreros como Cayetano Rivera Ordóñez, los televisivos Paco Tous, Hugo Silva o Esther Cañadas, pero la lista de famosos es interminable. ¿Qué ocurre en esa pequeña ciudad castellana para ser punto de peregrinación de todo el 'artisteo' nacional? El motivo de esta concentración de rostros populares en las calles de esta población es la Autoescuela San Cristóbal, donde sacan en el carné alumnos con mucho glamur en unos cursos intensivos que se han hecho famosos en toda España.

Toreros, modelos, deportistas, actores o personajes variados del couché se reservan unos días para instalarse en Cuenca y, con un poco de suerte, irse de la ciudad con el carné de conducir en la mano. El aluvión de rostros conocidos que se han puesto al volante en esta sobria capital es interminable. En sus listas de aprobados están, entre otros, Genoveva Casanova, las modelos Nieves Álvarez, Martina Klein, Laura Ponte, Eugenia Silva y Haidy Michel; Bebe, Emma Suárez, Paco León, Amaya Salamanca (Sin tetas no hay paraíso) y su novio del grupo musical Pignoise; Najwa Nimri, Elena Furiase y su padre, Guillermo; Marta Torné, Melanie Olivares, Mónica Molina, Bibiana Fernández, Natalia Millán, Mar Saura, Andy Lucas, Mari Carmen (sin sus muñecos), Blanca Romero, Yola Berrocal .

Pero no sólo de alumnos tan célebres vive esta pequeña empresa, donde se matriculan personas de toda edad y condición que vienen de puntos tan alejados como Canarias, Barcelona, A Coruña, País Vasco, Jaén o Palma de Mallorca. ¿Qué tiene esta autoescuela? Los cimientos del próspero negocio los puso Evelio Lozano en 1963 al crear esta empresa pionera en examinar con los míticos Seat 600.

Rafael, su hijo, empezó pronto en la firma familiar, a los 16 años, y, según explica, vio que la gente que empezaba tenía mucha dificultad para lograr el permiso. Algunos anulaban las clases porque se cansaban, y se le ocurrió planificar unos cursos acelerados o intensivos que ahora también se han imitado en otras pequeñas poblaciones del país, donde incluso se anuncian con el gancho de «ya no hace falta irse a Cuenca» para sacarse el carné.

Programa acelerado

Para lograr el teórico se necesitan sólo cuatro días, y el quinto se deja para el examen. «Resumimos lo que en otras escuelas hacen en mes y medio. Son nueve horas y media al día de clases con tres profesores explicando, simultáneamente», explica Rafael Lozano. Empiezan un jueves y se examinan al jueves siguiente. En cuanto al práctico, la fórmula es similar, de forma que se comprimen en una jornada tres o cuatro horas de conducción a lo largo de unos quince días. «Con tres clases diarias en cinco días has dado 15 clases», puntualiza Lozano, que dirige la autoescuela junto a su mujer, Elena Vara.

Los alumnos del práctico cuentan con la ventaja de conducir en una ciudad muy pequeña, aunque tiene su complejidad. «Sales a carretera, haces autovía y ciudad con muchas rotondas en la misma hora, con lo que es un entrenamiento muy completo», prosigue el director de este establecimiento. El boca a boca ha conseguido que esta autoescuela sea una de las más conocidas de toda España, sobre todo entre los famosos, la mayoría con poco tiempo para emplearse meses en clases de conducir. «Cuenta el boca a boca y los resultados, porque si aprobara poca gente nos recomendaría estos cursos», puntualiza. El porcentaje de aprobados se sitúa entre un 80 a un 85 por ciento para el teórico y un 70% en el práctico. De cada diez, siete personas aprueban. Claro, que no todos sacan el carné a la primera y algunos tienen que buscarse en su agenda otros cuatro o cinco días más para presentarse por segunda o tercera vez.

A la pregunta de por qué hay tanto famoso, el director de la autoescuela se apresura a contestar que «no hay tratamiento especial para nadie. Hacen los cursos con la misma gente, en el mismo aula». A raíz del éxito han surgido negocios similares. «Se intenta copiar, pero no es fácil porque esta ciudad es pequeña y da tiempo a conducir por donde te van a examinar». De hecho han surgido otros centros en localidades pequeñas de la geografía nacional, «pero no todo el mundo puede contar con 14 vehículos y otros tantos conductores», explica Lozano. Del teórico se ocupan tres profesores, pero en el práctico los catorce pueden turnarse para estar dando clase a tres o cuatro personas a lo largo de la jornada. A finales de julio se examinarán en Cuenca unas 180 personas.

¿No será un coladero? Esa pregunta es una interrogante que gravita en torno a una escuela tan popular. «Hubo algunos programas que intentaron hacer creer esa idea, espacios un tanto sensacionalistas. Pero lo que verdaderamente se hace en esta escuela es trabajar duro, sobre todo el teórico es un palizón.

Tampoco descarto que hayamos estado investigados, pero se ha demostrado que el único secreto es el esfuerzo de los profesores y de los alumnos», zanja Lozano.