«Lo que hagamos ahora sentará las bases de las nuevas generaciones». Esta frase de uno de los miles de huelguistas que hacen guardia a las puertas de los estudios de Hollywood resume como ninguna el espíritu de una lucha que trata de marcar los nuevos límites del digital. Por una parte, los escritores reclaman aumentar su porcentaje en la venta de deuvedés, un negocio que solo en el 2006 le reportaba a los estudios de cine cerca de 5.000 millones de dólares; con una asignación actual de cuatro céntimos por unidad, la exigencia del gremio de guionistas de doblar esta cantidad conseguía levantar de la mesa a unas productoras mermadas en los últimos tiempos por la piratería y las descargas ilegales.
Para combatir esta lacra, que hace dos años sumía a Hollywood en su peor crisis financiera de los últimos tiempos, las productoras firmaban en los últimos meses varios acuerdos con portales en red destinados a proteger la propiedad intelectual. Tratados que no incluían a los guionistas, quienes reclaman ahora un 2,6% de los beneficios obtenidos en Internet, lo que no ha sido contemplado por los estudios.