Las «nuevas pobrezas» colapsan las entidades benéficas en Galicia

Patricia Blanco
patricia blanco REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

La «vergonzante» o «con corbata» agrupa a quienes tenían una vida estable y quedaron sin nada

03 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Les falta pan, una casa, una vida. Bajo los soportales del hospital Nuestra Señora de los Ángeles, de Ribadavia, aunque no todos los días, duerme cada vez más gente. «Y no siempre los mismos, sino gente diferente», explica el gerente, Bernardo Dávila. Es una residencia de mayores y no tienen un comedor social, «pero sí aumentaron las personas que vienen a pedir algo de comida». «La crisis nos ha desvelado la situación de precariedad y vulnerabilidad social, la realidad de muchas familias», dicen en Cáritas diocesana de Mondoñedo y Ferrol. En acogida, ayudas básicas y ayudas para no perder la vivienda atendieron a casi 2.000 personas en el 2008. En el 2010, a 3.000. Demandan comida, empleo, seguir teniendo un techo.

Nuevos perfiles de pobres

La atención primaria se duplicó en Cáritas diocesana de Santiago: 29.944 personas en el 2009 y 52.637 en el 2010. «É alarmante», valora José Anuncio Mouriño, el director. Cada vez más es «xente de aquí»: en el último año atendieron a 16.948 inmigrantes y a 46.906 «nacionais». Al lado de la pobreza «de sempre» (la asociada a indigentes, inmigrantes sin papeles o personas con adicciones), ahora están «as que chamamos pobreza vergonzante, aquela que lle afecta a xente que tiña unha situación estable e que agora está na rúa; e tamén a pobreza con garavata, xente sen problemas de cartos, incluso nunha boa posición e que de repente se ve sen traballo, cun fillo nun colexio de pago, cun coche, unha vivenda...».

Pueden existir también rupturas de pareja, «nas que un deles incluso queda na rúa». En la calle cada vez hay más jóvenes, con o sin formación, pero sin empleo; o con trabajo, pero sin suficiente dinero para hacerse cargo de una vida. Familias enteras -muchas jóvenes y con hijos- con varios miembros en paro demandan ayuda. Y van a más. Es algo que puede derivar en la exclusión social de muchos. «Danos pánico, porque de aí é moi difícil sacalos». En los albergues hay más transeúntes: «En xeral homes, pero agora hai cada vez máis mulleres», apunta José Anuncio.

En la Cocina Económica de A Coruña, donde bajó la media de edad de sus usuarios, dan unas 600 raciones diarias. Aumentaron desde el 2007, «pero también crecen las ayudas. Vamos subsistiendo», informan. En la de Santiago, unas 25 o 30 personas van a desayunar; unas 130 o 140 a comer y unas 90 o 95 a cenar. Eran «mucho menos» en el 2007: a mediodía, entre 80 y 90. En el comedor social de Vigo, el de Sal de la Tierra -también trabaja otros aspectos-, han pasado de unas 35 comidas al día a 60, con el mismo equipo de voluntarios. El perfil es variado y las familias llegan sobre todo a partir de mediados de mes.

¿Colapsados?

«Aquí nunca podemos dicir que estamos colapsados, pero que aumentaron moito as atencións, claro que si», apunta José Anuncio. Han de seguir «traballando para que sigan sendo seres humanos», y esto es algo que está ocurriendo en toda Galicia. «Se se di que hai un Estado de benestar social, que se cumpra. É responsabilidade da sociedade, da Administración. Claro que hai un factor económico, pero perda de valores tamén», opina Mouriño, quien informa de algo positivo: bajan los donativos elevados, pero crecen los pequeños y eso significa que hay «unha base social máis sensibilizada».