La Justicia busca ahora a otro hombre, que vive en Vigo
02 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Siete miembros en el jurado y una decisión unánime: Francisco Ramiro Ferreiro Espasandín, nacido en Santa Comba (A Coruña) hace 52 años, asesinó el 30 de septiembre de 1984 en la localidad de Lauro de Freitas (Brasil) al taxista Zigomar Albuquerque do Sacramento. La sentencia, dictada el pasado jueves en la ciudad de Salvador de Bahía, fue leída por el presidente de la sala una vez conocido el veredicto. La defensa todavía puede recurrir esta decisión, aunque, en todo caso, el condenado deberá esperar cualquier recurso en la prisión en la que está recluido desde el año 2008, cuando fue detenido en el aeropuerto internacional de Río de Janeiro.
Según informa el rotativo Correio de Salvador de Bahía, en la sentencia del juez José Vilebaldo Freitas Pereira «el español fue considerado como alguien con un tipo de personalidad violenta, perversa y extremadamente agresiva». Fue condenado por lo que en el código penal del país se denomina «homicidio duplamente qualificado»: motivo fútil y medio cruel.
También señala el diario brasileño que el juicio finalizó con un gran alboroto, pues en la sala se encontraban cuatro de los ocho hijos de la víctima. Cuando llegó ante el tribunal, Ferreira Espasandín desafió a los presentes al grito de «¡A Bahia não tinha homem!».
Brutal sesión de tortura
El jurado considera probado que el 30 de septiembre de 1984, el ahora condenado golpeó hasta la muerte al taxista en el motel Vips de Lauro de Freitas, del que era encargado. El motivo, que la víctima, que había ido a celebrar con su esposa su aniversario de bodas, había dejado patente su presencia en el establecimiento con una pintada en la pared.
La acusación se dirige también contra otro nativo de Santa Comba, Isauro Pazos Gerpe, de 63 años, a quien la Justicia de Brasil considera huido desde 1984. La Voz de Galicia ha podido localizar a esta persona en su domicilio de Vigo y, en todo momento, ha negado tener nada que ver con los hechos que se le imputan. También aseguró desconocer el juicio al que ha sido sometido su antiguo compañero y, mucho menos, que él mismo vaya a ser juzgado en rebeldía el próximo mes de mayo. También se enfrenta a una pena de 30 años de prisión.
En el juicio se relató con todo detalle que la «mórbida sesión de tortura» a la que fue sometido el taxista Zigomar Albuquerque se prolongó durante cinco horas brutales. De nada le valió implorar por su vida, ofrecer su coche en pago y suplicarles por los ocho hijos que iba a dejar huérfanos.