Roban en A Estrada 35 calabazas en vísperas de Halloween

Rocío García Martínez
Rocío García A ESTRADA/LA VOZ.

GALICIA

Algunos de los frutos, sustraídos en la propia plantación con la ayuda de un remolque, rozaban los setenta kilos de peso

28 oct 2010 . Actualizado a las 03:14 h.

La importación de tradiciones y la resurrección de las propias puede tener efectos secundarios imprevistos. El auge de las celebraciones de Halloween y Samaín ha revalorizado la calabaza y ha hecho mella en una veiga de A Estrada.

Enrique Diéguez y Manuela García tienen en la aldea de Escariz, en la parroquia de Nigoi, una finca de seis ferrados con un patchwork vegetal de calabazas, patatas, nabizas y berzas. El típico multicultivo para autoabastecimiento de cualquier casa rural que se precie. No son devotos de la crema de calabaza ni han celebrado nunca el Samaín. Cultivan esta planta hace años como alimento para sus cerdos. El año pasado apenas obtuvieron media docena de frutos. Este otoño, en cambio, la tierra les regaló un campo naranja repleto. «Conteinos un día e eran 72 cabazos», explica Enrique. «Había tres que pesaban cerca dos setenta kilos», calcula.

Ante semejante producción -y con un único cerdo que alimentar este año- la familia invitó a parientes y vecinos a llevarse las calabazas que quisiesen. «Unha consogra trouxo a proba dunhas chulas e uns dulces que aínda che sabían», comenta Manuela.

La semana pasada, cuando en la finca quedaban cerca de cuarenta bien maduras, fue cuando sucedieron los hechos. «Eu fora trillar na veiga e co tractor arrimei os cabazos todos cara unha beira coa intención de ir a buscalos despois co remolque», cuenta Enrique Diéguez. Cuando regresó, le bastó con una carretilla. «Xa se me adiantaran. Deberon levar 34 ou 35 e deixaron só dous de mostra», explica con resignación.

El agricultor estudió a conciencia el escenario del delito y localizó «as rodeiras dun remolque» y «unhas pisadas grandes» que confirman que «non foi unha trasnada de nenos». La familia tiene sus sospechas. A la finca se accede por una pista secundaria de tierra en la que suelen aparcar los deportistas que cazan en el monte colindante. Los perjudicados creen que «alguén de fóra» pudo ver el tentador botín y regresar con nocturnidad a recogerlo. «Seica para o Halloween ese as pagan ata a tres euros», argumentan.

Quizás las calabazas se conviertan al final en linternas. Entretanto, el cerdo de los Diéguez tendrá que conformarse con menú de «tercerilla, patacas e cañotos das berzas».