«No saber leer es andar como un ciego»

Ó. V. V. / L. T. Q. REDACCIÓN/LA VOZ.

GALICIA

20 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Son las diez de la mañana. En la Casa da Xuventude de Carballo da comienzo la última sesión de la semana de una de las clases de alfabetización que se imparten en el marco del II Plan Galego de Inclusión Social. En ella, 13 alumnos están aprendiendo los fonemas. Cada uno a su ritmo. Mientras unos libros están abiertos por el fonema P , otros practican con la L .

«No saber leer es andar como un ciego», indica apurada Melania, una dominicana de 58 años que lleva diecinueve en España. Ella no tuvo la oportunidad de estudiar en su país y ahora lo hace con el objetivo de encontrar un trabajo «de lo que sea» y asegurarse «una mejor vejez». También con el mismo propósito acude al curso Lino, un vecino de A Laracha de 49 años que dejó los estudios en octavo de EGB. Pretende cumplir los 50 «traballando e celebrándoo cos meus amigos». Otra de las alumnas es Mari Carmen, una carballesa que abandonó la escuela en séptimo. Ahora, explica, «es mi hijo de doce años el que me enseña». Con conocimiento sobre la materia habla Pilar, otra carballesa que ya sabe de letras y de números. Ella tuvo que dejar de estudiar en quinto para ayudar en casa. Ahora quiere «aprender algo máis do que sei».

Como en las clases de instituto, aquí también hay dos enamorados, pero no se mandan notas. Están casados. Se trata de Sandra y Elbio, uruguayos y residentes en Galicia. En su caso, el problema es distinto. Sandra cursó numerosos estudios en su país y ahora «validarlos, si se puede, es muy costoso». Los dos buscan un futuro laboral mejor y están muy agradecidos por la «solidaridad de los habitantes de Carballo».

A otro alumno del curso, Fernando, le gustan las motos. Pero también le gusta aprender a leer, a escribir y a hacer cuentas. «Deixei a escola cando era pequeno», dice este joven de 23 años con cierta timidez en su mirada. Cuatro años más que Fernando tiene Lorena, una joven que acude al curso para «preparar el graduado escolar». En octavo de EGB suspendió cinco asignaturas. Ese pequeño bache y la necesidad de ayudar en casa la obligaron a abandonar el colegio. «Creo que vou sacar o curso», confiesa, ya que «la profe enseña moi ben».

«Todos son moi agradecidos», dice Carmen Iglesias, la profesora. Lo más gratificante es «crearlle ese gusanillo de que saber e aprender é algo importante na vida». La profesora asegura, además, que prescinde del título y se queda con esa ilusión que tienen muchos.

«Eles saben o esforzo que require. Ás veces pasan os días e non consigues moito e eles saben que o importante é non tirar a toalla», añade. Para ella el mayor logro sería que siguieran el curso que viene en secundaria. «A ver se o consigo», dice. Sin embargo, manifiesta que a veces es difícil por «a desmotivación e a problemática que teñen os adultos».

Se cierra la puerta del aula y ellos continúan la clase.