Un clan que estaba vivo y coleando

Susana Luaña Louzao
Susana Luaña VILAGARCÍA/LA VOZ.

GALICIA

La mayoría de los hijos de Manuel Charlín viven más o menos con discreción en Vilanova, entregados a los negocios del mar y la conserva que les dejó el padre

01 jun 2019 . Actualizado a las 13:26 h.

Aunque trató de ocultar su rostro con una gorra, el aspecto de Melchor Charlín cuando compareció esta semana en los juzgados, detenido en la operación Repesca, demostró que el tiempo no perdona, ni siquiera a quien se comía el mundo con 20 años, cuando le llamaban el Crápula y se paseaba por la comarca con uno de los primeros Ferrari Testarossa que se dejaron ver por Arousa.

Los hijos de Manuel Charlín tuvieron un buen maestro en el negocio familiar, y ellos demostraron ser alumnos aventajados. Manolito, el mayor, y su hermano Melchor estuvieron varios años huidos cuando Garzón los buscó en la redada de la operación Nécora. Empezaba la década de los noventa, y pese a su juventud, los dos tenían ya un interesante currículo. Con solo 18 años, a Manolito lo detuvieron por un alijo de hachís, y no fue la primera ni la última vez. Todavía en el 2004 fue arrestado de nuevo por un transporte que superaba las cinco toneladas. Cuando fue detenido en Portugal después de permanecer años huido de la Justicia, llevaba documentación falsa a nombre de Julio Iglesias.

Cuando Manuel Charlín todavía era socio de Baúlo -el narco cambadés que fue abatido a tiros en su casa en el año 2004- enviaron como garantía a dos de sus hijos a Sudamérica. El transporte se complicó y los arousanos tuvieron sus más y sus menos con los colombianos, lo que provocó que Daniel Baúlo y Melchor Charlín quedaran retenidos y la familia tuviese que entregar 200 millones de pesetas para liberar al Crápula. No llevó bien el encarcelamiento de su padre. A partir de ahí, su estela se apagó, y después de algunas idas y venidas por la cárcel, fue detenido hace dos años cuando asistía en Pontevedra a un juicio por la muerte de su sobrina Aldara, aplastada por una grúa en un trágico accidente por el que la familia acusó, entre otros, al alcalde de Vilanova. El protagonista de la vista, sin pretenderlo, fue Melchor, al que arrestaron en la Audiencia por no pagar una multa de tráfico.

Pero en la familia, la que llevaba los pantalones era su hermana Josefa, la mejor de las discípulas de Manuel Charlín. Era el terror de las trabajadoras de Charpo, conservera que regentaba con mano férrea, y una de las primeras mujeres en la ría de Arousa que condujo un camión. Cuando su padre y sus hermanos Manolito y Melchor fueron detenidos, se puso también al frente de los negocios ilegales de la familia. Con dos causas pendientes, huyó a Portugal, donde fue detenida en el 2001, seis años después de que Garzón ordenase su arresto.

Su hermana María Teresa Charlín llevó una vida más discreta, disfrutando de un lujoso chalé en Vilanova en el que crió a los hijos que tuvo con Carlos Somoza, narcotraficante también y huido de la Justicia. Incluso fue la única de la familia que se libró de la condena por blanqueo de dinero. Sin embargo, su empeño en recuperar los bienes incautados para pagar deudas a las trabajadoras de Charpo despertó el recelo de la Fiscalía Antidroga, que se preguntó de dónde había sacado los 800.000 euros con los que pujó por la depuradora Sochar.

Adelaida, por su parte, fue la rebelde de la familia, y fueron sus malas compañías las que le abrieron los ojos a su padre sobre las posibilidades del negocio del hachís. Divorciada de Antonio Acuña Rial, fue condenada en la operación por blanqueo junto con su segunda pareja sentimental, el italiano Pascuale Imparato, y se les permitió que se turnaran en prisión para poder cuidar a sus hijos. Es la única de los hijos de Charlín que no fue imputada en la operación Repesca.