Raúl se despeñó por un barranco de O Courel y salió ileso de milagro. Ahora va con cuatro ojos
09 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Raúl tiene 19 años y vive en Madrid, aunque su familia materna es de Froxán, en O Courel. Allí viaja varias veces al año. El verano pasado lo hizo por vez primera con carné de conducir y muy ufano aceptó el encargo de ir a buscar unas empanadas el día de la fiesta. Apenas había recorrido dos kilómetros cuando una curva se hizo demasiado pronunciada. Y enseguida apareció la contracurva. Raúl no sabe por qué, pero el coche se fue barranco abajo. Tal vez le salvó el primer impacto contra un árbol, que situó el monovolumen de costado en su loco descenso: «Yo solo veía piedras, árboles y plantas que chocaban contra los cristales mientras daba vueltas. Fueron seis o siete segundos rapidísimos. Y después de cada golpe pensaba: "todavía estoy bien"».
Cuando el mundo se paró, Raúl recuerda que pensó que tenía que salir de allí cuanto antes. Salió y echó a correr monte arriba, los cincuenta metros que acaba de bajar a tumba abierta y los dos kilómetros que lo separaban de casa. «Cuando llegué arriba y miré hacia el coche, me puse a gritar y a saltar. No sé si me vio alguien, pero era lo que necesitaba hacer». Ahora, con unos pocos meses de perspectiva, Raúl ha comprendido una lección: «Creo que aquel susto me ha ahorrado unos años de inexperiencia. Si todos tenemos unos años tontos en los que hacemos locuras, yo ya me he saltado eso». Dice que no ve los semáforos en ámbar, los ve en rojo; que hasta reprende a su madre si fuma y conduce: «Si estás al volante, está claro que tienes que ir con los cinco sentidos». Es verdad, la prudencia habla por la boca de este joven. Allí, en O Courel, con 19 años o te metes en un coche o no sales de fiesta: «Tengo mucho cuidado con eso. Si todos beben y no hay con quién volver, es preferible quedarse a dormir en el sitio donde has ido de fiesta que embarcarte en un coche en el que hay alcohol».