Los fenómenos adversos pusieron a prueba la capacidad de reacción

X.?F.

GALICIA

20 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

La intensidad de los fenómenos adversos de este invierno, sumada al escaso tiempo entre uno y otro, ya que en ocasiones fueron consecutivos, puso a prueba no solo la capacidad de los meteorólogos para predecirlos, sino también la de las autoridades para afrontar sus efectos. La nieve dificultó el tráfico entre los días 8 y 9 de enero en las zonas altas, e incluso la A-6 a su paso por Baralla permaneció varias horas cerrada. Pero las máquinas quitanieves trabajaron sin cesar y se vertieron toneladas de sal para mantener unos mínimos de circulación. Las ciudades, sin embargo, encajaron peor la nevada, y Lugo y Santiago fueron las más afectadas. El hielo colapsó las vías urbanas y en la capital gallega incluso dejó de funcionar el transporte urbano. Sin apenas tiempo a que se derritiese el hielo llegaron los inevitables cruces de acusaciones entre los políticos sobre si se habían tomado las precauciones necesarias ante la alerta.

Pero la primera polémica del invierno se vivió el 16 de diciembre, cuando Educación decidió suspender las clases en previsión de una fuerte nevada. 350.000 niños se quedaron en casa, aunque finalmente el temporal se limitó a la provincia de Ourense, lo que propició las quejas de las familias de las zonas costeras, que vivieron una jornada invernal dentro de lo normal.

Controversia

Los ciclones también fueron motivo de controversia. El 14 de enero el Flora dejó vientos por encima de los 160 kilómetros por hora y causó numerosos destrozos, sobre todo en las Rías Baixas. Esta vez las quejas se produjeron por la falta de alerta, que se había circunscrito al litoral, motivo por el que la Xunta no activó los dispositivos de emergencia. El caso contrario se dio con el paso del Xynthia el 27 de febrero. Esta vez se extremaron todas las precauciones, lo que contribuyó a minimizar los efectos, sumado a que finalmente la borrasca no pasó tan cerca de Galicia como se esperaba, aunque después sí profundizó rápidamente y causó numerosos daños materiales y humanos en Francia. Lo que prueba que la meteorología no es una ciencia exacta y que siempre es mejor prevenir.