Con Silvia (39), todo son risas. Está feliz. Hace unos meses consiguió un ascenso en su trabajo de funcionaria y hace unas semanas se enteró de que estaba embarazada. Así que de su boca solo brota optimismo: «Sí, sí, ha sido buscado. Entendemos que la situación económica no es la mejor, pero se han dado unas circunstancias personales que hacen que este sea un buen año para tener otro hijo. Nos daba pena que la que tenemos se quedara sola». Silvia, claro, no teme por su empleo de funcionaria en Vigo. Sabe que eso es una ventaja: «Desde luego, es una suerte tener un trabajo estable». La Administración, en contra de lo que sucede aún con otros empleadores, no suele molestarse cuando sus empleadas se quedan embarazadas: «Lo esperamos para verano y me cogeré la baja para recuperarme y disfrutar de mis hijos, que yo creo que es algo que le gusta a todo el mundo».
Su marido, empleado en una empresa vinculada a la construcción, sí ha visto más de cerca la fea cara de la recesión. Incluso la cafetería que regenta con su hermana en Ribadavia ha notado la bajada, pero Silvia está de subidón: «Yo no creo que pueda ser peor que el 2009. A mí me gusta ser optimista y creo que va a ser mejor. Para mí, desde luego, va a ser mucho mejor». Y eso que, en el juzgado en el que trabaja, la crisis deja su huella: «Ya lo creo. Yo estoy en uno de familia y han crecido muchísimo las reclamaciones por impago de pensiones y en los divorcios han aumentado muchísimo los acuerdos, porque la gente prefiere evitar los contenciosos, que salen mucho más caros».
Dice Silvia que no ha mirado las ayudas que tendrá por su nueva maternidad, aunque sabe que serán más que los cien euros mensuales que recibió tras su primera maternidad. Eso sí, de vez en cuando lanzan una mirada al futuro y ven gastos, muchos gastos: «Está claro que no es lo mismo tener un niño que dos y, con el tiempo que ha pasado ?siete años desde que nació su primer hijo?, yo creo que lo único que vamos a poder aprovechar es la cuna. Vamos a tener que empezar desde cero».
Ningún problema. Ni siquiera la vivienda, que con el bebé empezará quizás a quedarse pequeña: «Cuando nos fuimos a vivir a Vigo pensamos que sería algo provisional, pero poco a poco se ha ido convirtiendo en definitivo. Es posible que tengamos que cambiar de vivienda, o reformar la que tenemos. Pero lo estudiamos a medio plazo. De momento ya vamos a tener bastante con la llegada del bebé».
Por ahora, el embarazo la llena de ilusión: «Un niño siempre trae alegrías y, aunque tengas problemas, hace que los veas de otra manera».