Las escenas de dolor se sucedían entre las personas concentradas cerca de la vivienda familiar, junto al cementerio de O Viso, y algunos compañeros de Alejandra no podían evitar las lágrimas por lo ocurrido, ya que, según uno de ellos, se trataba de una «buena niña, que no se merecía esto».
«Estamos dolidos porque era una chica diez, callada, un poco miedosa. No le gustaba estar sola en casa. Lo pasábamos genial con ella», cuenta Yolanda Durán, una de sus amigas. «Era simpática, agradable, amiga de su amigos. Le costaba un poco abrirse pero luego lo daba todo», apuntaba Fabián, otro de sus amigos de O Viso.
Dolor en el instituto
En el Instituto República de Oriente de Uruguai de Vigo, en el barrio de Teis, había caras largas. Sus compañeros, acompañados de la profesora de Historia que iba a examinarlos, acudieron a Redondela a acompañar a la familia. «Estamos muy dolidos», comentan unos alumnos en el patio. Guardan silencio con ojos llorosos.
La docente siente la pérdida de una alumna ejemplar. «Ella era estudiosa, muy buena. Es una desgracia», afirma su maestra, que no notó nada raro en su alumna en los últimos días, tampoco síntomas de enfermedad. Precisamente, Alejandra y su amiga habían comentado a través del Messenger los apuntes de su asignatura porque querían preparar el examen el jueves, previsto para dos días después de la desaparición. La última frase que escribió en el Messenger fue un simple «chao, chao». «La vi el martes por la mañana en clase de inglés; estaba bien, como siempre, creo que hasta hablé con ella. Y al día siguiente llegué a clase y me enteré de todo», relata otra compañera compungida.
Un amigo suyo la vio hace semana y media con su pandilla. Aún no lo acaba de asimilar. «No tenía novio, andaba con sus amigas, chateaba mucho en Tuenti. No era alguien que le gustase salir de noche. Era guay, algo callada y no se metía con nadie», cuenta el joven.
En un bar cercano, en el que paran estudiantes, la camarera comenta: «Su madre, que es paisana mía, siempre venía a recogerla al instituto en coche».