Alejandro García, conductor del coche aplastado, aún no se cree su buena suerte
27 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Para Alejandro García Angeriz lo de volver a nacer ya no es solo una frase hecha. La vida le dio la noche del miércoles una segunda oportunidad cuando salió milagrosamente ileso de la avalancha que sepultó dos carriles de la autopista de Carballo (AG-55) y convirtió su coche en chatarra. «Foi moita sorte. Só me cortei un pouco no labio e teño un rasguño pequeno na muñeca», explicaba ayer, tras unas horas de auténtica locura entre la autopista, el hospital, su casa de Paiosaco y el taller mecánico en el que declararon oficialmente el siniestro total de su Volkswagen.
Alejandro fue realmente consciente de lo ocurrido cuando vio las fotografías del suceso publicadas por La Voz. «É incrible», una de esas cosas, dice, que nunca se piensa que le puedan pasar a uno. «Eu ía adiantando a outro turismo polo carril esquerdo cando caeu unha pedra xusto diante do meu coche, fíxome de palanca, voei por riba e debín dar algunha volta de campá... e cando por fin quedei parado caeume todo enriba», relata este conductor.
No pudo hacer más, salvo esperar a que cesara la avalancha de rocas. Cuando consiguió salió del vehículo todavía no sabía muy bien lo que había ocurrido. «Saín preguntándolle á xente que había alí se quedara alguén debaixo, porque ao que lle tiña máis medo é a que houbese alguén debaixo das pedras», señaló.
En otras circunstancias, la roca que se cruzó en su camino podría haber provocado un desenlace fatal. Pero Alejandro está convencido de que esa misma roca le salvó la vida al golpear su coche y lanzarlo fuera del alcance del grueso del alud de tierra y piedras. «Eu creo que o que me dou a vida foi que esa pedra me levara ata a mediana», reflexiona el joven horas después del suceso.
Alejandro García Angeriz tiene solo 25 años, sin embargo, pese a su corta edad es un experto conductor. A los 21 años empezó a trabajar como chófer de tráileres, cubriendo rutas por toda España, Francia y Portugal. Desde hace un mes está en el paro, porque la empresa para la que trabajaba fue una de las afectadas por la crisis, pero nunca en su vida profesional había tenido una experiencia semejante. «O único que me pasou foi que unha vez en Carballo me saíu outro coche nun cruce e chocamos. Pero non foi nada importante. Nunca din un parte», asegura.
Ahora no le va a quedar más remedio que darlo, al menos para que le sustituyan el coche, que había comprado hace «un ano e dous meses» y que estaba asegurado a todo riesgo. «Non vale para nada», lamenta Alejandro. Ayer, acompañado por su padre, se desplazó hasta el taller mecánico en el que quedó depositado el vehículo a la espera de la inspección del perito.
Pero el día después fue largo por varios motivos, incluido el largo listado de llamadas de teléfono que recibió y las visitas que llegaron a la vivienda familiar de Paiosaco, en el municipio de A Laracha. Entre ellas, la de un equipo de televisión, que fue a devolverle las llaves de su casa. Las perdió durante el accidente y los periodistas las recuperaron entre los escombros de la autopista.
La AG-55 sigue alimentando su leyenda negra con un episodio para el que Alejandro carece de explicación, pero que considera «unha neglixencia total». Todo lo contrario que el trabajo de bomberos, guardias civiles y sanitarios del 061, que le dispensaron un trato «estupendo» y que estuvieron al pie del cañón, pese a tener que pagar peaje.
Alejandro García fue la única víctima del desprendimiento. «Se pasase catro segundos antes non me pasaría nada», lamenta. Pero no tarda en reflexionar sobre sus propias palabras. «Onte pensaba: que mala sorte teño. Pero non é certo. Hoxe penso que teño a mellor sorte do mundo».